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História COLORES - Capítulo 2


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Capítulo 2 - Raquel


De todos los colores quiero tu amor.
En verde esperanza, en rojo pasión.
En naranja de alegrías, en amarillos de ilusión.
Píntame en todos los colores del amor.
Yo te ofrezco siempre mi mejor color.
Píntame con delicadeza,
con trazos finos de consideración.

 

Raquel tenía 23 años cuando murió su padre. Era un día lluvioso y el viento azotaba sin piedad las ventanas de la habitación de hospital
En medio de la misma se encontraba su padre, conectado a varias máquinas. A su lado, su madre, sosteniendo su mano. Y a los pies de la cama ella y su hermana.
Parecía un día más de visita al hospital, cuando algo ocurrió. La máquina que controlaba el corazón de su padre comenzó a sonar fuertemente mientras los ojos de él y su madre se llenaban de lagrimas
- Son hermosos…- fue lo último que escucho de él, antes de que una avalancha de médicos y enfermeras entrasen en la pequeña habitación

Luego, después del funeral, se preguntó de que hablaba su padre. Pero el dolor era demasiado, y decidió preguntarle a su madre más adelante cuando todo pasase.

MADRID, AÑOS DESPUÉS

Era un día cualquiera y ella mecía suavemente a Paula para que durmiese.
En unos días seria el aniversario de la muerte de su padre, y esa misma mañana vio en la sala de espera del pediatra una revista, la cual orgullosa ponía: “¿Cómo encontrar a tu alma gemela? Tips y consejos para ver la vida de otro color”. Irónico.

- Son hermosos…- había dicho su padre. ¿Será como en esos casos que al final de la vida se ven los colores? Sus padres se amaban mucho, podría ser posible. Ese mismo día pacto una reunión con su madre y conto los segundos y minutos que esta tardo en llegar. Y agradeció el timbre, pues Paula tal vez sintiendo su nerviosismo había comenzado a inquietarse

- Hola mamá…- Raquel se preguntó si su madre no le dolería mencionar la muerte de su padre, más aún con los problemas de salud que comenzó a tener en las últimas semanas
- Hola cariño. Hola princesa…- Marivi saludo a su hija y luego cargo a su nieta- que inquieta que estas Paulita…-
- Mamá, ¿viste los colores antes de que muriera papá? - así, simple y sin pensarlo mucho antes de que se esfumara el poco coraje que reunió para preguntarle
- ¿Cómo? - dijo Marivi mientras acomodaba a Paula en sus brazos
- Los colores mamá, ya sabes… papá dijo…-
- Lo sé, lo recuerdo… la respuesta es sí, cariño. Por un leve momento pude verlos. Una especie de amarillo en su cabello, un verde pálido en las sabanas de la camilla, un morado en sus labios y dorado en nuestras alianzas. Fue tan hermoso hija…-
Y en ese momento Raquel revivió sus recuerdos de infancia, en los libros que sus padres le leían a ella y a su hermana. Sobre el amor y los colores, sobre el hecho de poder verlos siempre y cuando su alma gemela este presente, porque cuando esta muere los colores lo hacen con ella. Tal vez así suceda con Alberto, cuando alguno este por morir los verán. Los colores

MADRID, CARPA FRENTE A LA FABRICA NACIONAL DE MONEDA Y TIMBRE
- Con el atracador al mando del asalto-
Sin lugar a dudas una de las charlas más raras que tuvo en toda su carrera. ¿Qué lleva puesto? Le pregunto demasiado tranquilo para alguien con más de 60 rehenes y rodeado de policías.
Igual eso no le inquieto, sino más bien le inquieto lo que sintió dentro, un palpito, un presentimiento. Algo. No sabe qué, pero la dejo descolocada.

CASA DE RAQUEL

-Al final el amor es lo que nos hace ver la vida de otro color. Y tú últimamente lo ves todo muy negro-
La frase de su madre rondaba su cabeza y le recordaba, desde su niñez, hasta su matrimonio que, en vez de darle color, le trajo más oscuridad de lo que alguna vez admitiría. Y solo una pequeña luz, su hija Paula.

También le recordó su desliz con Ángel y las consecuencias que trajo
- Los veo Raquel, ¿tú no? - le dijo él a la mañana siguiente, cuando vio como ella intentaba salir discretamente por la puerta, pensando que estaba dormido
Hasta el día de hoy y años después seguía repitiéndolo: “vi los colores por ti”. Realmente le gustaría creerle y corresponderle, aunque tal vez sea cierto lo que decían algunos científicos, las almas gemelas no siempre son correspondidas.

Luego estaba su reciente escena de celos. Llego cansada a su casa, ni siquiera una ducha le apetecía. Solo pensaba en dormir, hasta que su teléfono sonó: “¿te acostarías con él?”. No mintió cuando le dijo que si, Salvador parecía un buen hombre. Guapo, inteligente, atento. Y había algo más. Un no sequé que sentía cuando le tenía cerca. Y lo confirmo días después y luego de pasar una noche juntos, cuando al regresar a su casa completamente agotada tanto física como mentalmente le vio a él y luego a ellos, los colores. Los vio en los tallos verdes de las flores que le dio: violetas, blancas, un poco rosas y con un centro amarillo. Y por un momento se olvido de todo, de Ángel, de Prieto y Alberto, del atraco, hasta de respirar. Solo pudo abrazarlo como si su vida dependiese de ello. Él y los colores.
Irrumpió su madre, siempre con preguntas indiscretas con respuestas vergonzosas. Pero jamás estuvo tan feliz, como cuando se dio cuenta de que su saco era rojo y sus ojos celestes

“… después nos vamos” dijo él. Y a pesar de lo loco que sonaba, realmente no se le ocurría nada mejor que eso. Estar con Salva, su madre (de ojos celestes) y su hija (con su cabello ¿rubio se llamaba?, y faldas rosas) en una playa paradisiaca.
Jamás imagino que el mundo pudiese ofrecer tanto, mientras durante el atardecer del día anterior tuvo que parar un momento y simplemente disfrutar de lo nuevo. El cielo celeste, convirtiéndose lentamente en tonos amarillos, naranjas, rosas, algunos violetas y luego oscureciéndose lentamente.
Se imaginó el mismo cielo en una playa, rodeada de la gente que amaba y no pudo evitar una sonrisa.

BAÑO DEL HANOI

Fue la primera vez que maldijo por poder verlos, los colores.
Lo que fue una bendición, hoy se transformaba en una maldición.
Roja, la peluca del payaso era roja, al igual que el pequeño pelo que adornaba el saco de Salva, o Sergio Marquina, o el Profesor. Ni siquiera sabía cómo dirigirse a él.
Lo llevo a Toledo y le interrogo “una fisura” le llamo.

...

“Enamorarme de ti”, dolía. Dolía demasiado, y las cachetadas que le dio no representaban una mínima parte de ese dolor. Más preguntas, un maldito detector de mentiras, pero ni uno ni el otro logro convencerla hasta que los menciono, los colores.
- Raquel… realmente estoy enamorado de ti…- le siguieron palabras y más palabras, hasta que los nombro- jamás pase tiempo eligiendo flores para nadie, pero no sabes en lo que tarde en armar ese ramo, me preguntaba ¿queda mejor el lila con el rosa, el rosa con el blanco, o todo junto? No…-
- Espera, ¿Qué?... los ves…-
- Por supuesto que los veo Raquel… lo hago desde que vi una foto tuya mientras preparaba el atraco-
Y nada más importo, ni ella gritándole mientras lo soltaba y se disponía a llevarlo a la estación de policía, ni él dejándola inconsciente y ella una vez más siendo incapaz de dispararle, dejándole ir.

CARPA FRENTE A LA FABRICA NACIONAL DE MONEDA Y TIMBRE

“Te tirabas al jefe de la banda” habían pasado unos minutos desde la declaración, y toda la carpa la ignoraban y cuando la miraban solo había una cosa: desprecio
- No lo sabía… -
- Claro, te creemos Inspectora, realmente- Prieto hablaba con sorna, Suarez la miraba incrédulo y Alberto con una sonrisa de costado
- Es cierto, lo descubrí cuando vi un pelo rojo en su traje, el mismo color que la peluca del payaso. Luego lo enfrente y él…-
- ¿Qué? - la pregunta de Prieto, Suarez y Alberto sonaron juntas, a la par de jadeos en toda la carpa. Sin darse cuenta Raquel había comenzado a hablar cada vez más fuerte, hasta prácticamente gritar al final, revelando su secreto. Ella podía ver los colores, y lo hacía gracias a él, el Profesor.
- Inspectora…- Prieto estaba fascinado, si ella podía verlos era posible que el Profesor también, se podía usar a su favor
- Yo… no…-
- ¿Él también los ve? - Alberto hablo esta vez, con odio, pero también viendo el beneficio que traería la situación de ser verdad
- No lo sé, no le pregunte…- Raquel vio a través de la supuestamente inocente pregunta, y de forma inconsciente decidió de alguna forma protegerle. Ella jamás les diría que él también puede verlos.

Y el teléfono sonó. El coronel atiende, el Profesor habla, pero no revela nada solo pide ayuda medica la cual le es negada. Pero sí deja algo en claro, él no los ve.
- Vaya a casa Raquel- la expresión de victoria en el rostro de Prieto fue reemplazada por lastima en el momento en que vio a la Inspectora a la cara- pero entregue su placa y pistola-

Y así ella salió de esa carpa, con un solo propósito: encontrar al Profesor



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