História KOORI NO HANA (versión antigua) - Capítulo 1


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Categorias Naruto
Personagens Kakashi Hatake, Kushina Uzumaki, Minato "Yondaime" Namikaze, Personagens Originais
Tags Kakashi, Kakashio, Koorinohana, Shiori
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Palavras 2.834
Terminada Não
LIVRE PARA TODOS OS PÚBLICOS
Gêneros: Ação, Aventura, Drama (Tragédia), Famí­lia, Romance e Novela

Aviso legal
Alguns dos personagens encontrados nesta história e/ou universo não me pertencem, mas são de propriedade intelectual de seus respectivos autores. Os eventuais personagens originais desta história são de minha propriedade intelectual. História sem fins lucrativos criada de fã e para fã sem comprometer a obra original.

Capítulo 1 - Prólogo


Fanfic / Fanfiction KOORI NO HANA (versión antigua) - Capítulo 1 - Prólogo

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Disclaimer: 

Los personajes salvo algunos Oc's no me pertenecen, Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a: Masashi Kishimoto.

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Así comenzó todo...


En una noche fría y silenciosa, un famoso Shinobi de melena rubia se apresuraba por el terreno gélido del bosque para salir de ahí lo antes posible. Sus pies parecían volar sobre la nieve y sus mechones de cabello se zarandeaban con fuerza a todas direcciones. No sabía cuántas horas había pasado en ese lugar, o cuánto tiempo llevaba corriendo, solo sabía que la mitad de su cuerpo ya no lo sentía. Debía apresurarse. Ese sitio no era el mejor para él, o para cualquiera que no estuviera acostumbrado a climas por debajo de los 20 grados bajo cero. Quizás exageraba, quizás no... todos sabían que ese lugar era el más frió de todo el mundo Shinobi así que tal vez sus cálculos estaban en lo cierto.

Quería darse prisa para regresar a su aldea, darse una ducha caliente y tomar algo de sake, solo un poco, para regresar el calor a su cuerpo. Su misión había terminado con éxito y ahora solo restaba salir de ahí y regresar a su aldea sin que nadie lo viera; algo que para él era sencillo, por algo era llamado el relámpago amarillo de Konoha.

Con una sonrisa en su rostro congelado y una respiración acelerada, el ninja comenzó a imaginar una agradable cena por parte de su novia. Se moría de hambre también, pero suponiendo la hora que era en ese momento, posiblemente esa cena nunca llegaría; ya solo faltaban unas pocas horas para el amanecer. Posiblemente, su anhelado desayuno, de tres entradas, sería solo un pan tostado con leche. Aunque no era del todo desagradable, cualquier alimento le venía bien. Eso pensaba, mientras sonreía a la nada.

Sus pensamientos se fueron de lado luego de escuchar un ruido a su derecha, algo como un lamento, como el que hacían los cachorros recién nacidos. Mirando a su alrededor, el ninja rubio caminó hacia el lugar donde el ruido se había escuchado. Apenas si se había logrado escuchar, y de hecho, a cualquier otro le hubiera dado igual aquello, pero no él y, extrañado, comenzó a buscar alrededor del follaje hasta que el llanto volvió a escucharse, a solo unos pasos de su dirección.

No sabía que podía ser, pero luego de avanzar con cuidado hasta ese lugar, el ninja miró con rareza un pequeño montecito de nieve. Quizás solo se había acumulado por las nevadas o simplemente la nieve había resbalado de las hojas de los árboles. Pero no, algo le decía que no era eso.

Sin decir nada, el rubio sacó un Kunai y con lentitud continuó avanzando, paso a paso, hasta quedar a solo unos centímetros. Su sorpresa fue inmediata al ver como aquello que había pensado era nieve, se trataba de una cobija blanca que en esos momentos se movía por lo que sea que estuviera debajo de ella.

Rápidamente y regresando el kunai a su sitio, el shinobi se hincó en su sitio y deslizó, con cuidado, la cobija hacia abajo; encontrándose de inmediato con una personita.

Su corazón dio un saltó sobre su pecho y, con sus ojos abiertos por la sorpresa, le quitó la cobija con rápido movimiento. La niña estaba hecha bolita, abrazándose a sí misma para mantener el calor en su pequeño cuerpo. Sus ojos estaban cerrados y, por su color de cabello blanco (que cubría casi toda su cabeza), la mitad de su cuerpo se perdía con el color de la nieve. De hecho, si la hubiera visto a la lejanía estando de esa forma, él hubiera pensado que la niña no tenía cabeza... o algo por el estilo.

— ¿Qué hace una niña aquí? —se preguntó aun impactado, notando como ahora la pequeña se retorcía luego de que una ventisca soplara una vez más a dirección de ambos.

Cuando el aire rodeó su cuerpecito, la niña soltó otro lamento bajo.

Era como un pequeño cachorro perdido.

Negando rápidamente con la cabeza, intentando centrarse en la niña y olvidar todo aquello que no ayudara en esos momentos, con lentitud y mucho cuidado, el rubio acercó sus brazos para alzarla. Al instante, la niña abrió sus ojos aterrada.

—Hola —saludó rápidamente el rubio, mirando directamente a sus ojos—. No tengas miedo —agregó con una sonrisa—. Me llamo Minato, ¿Cuál es tu nombre?

La niña, que observó el rostro del extraño, se mantuvo callada por unos segundos. Parecía que no podía hablar y sí sabía, no podía hacerlo. Al ver eso, el rubio se apresuró en sacarse la mochila de su espalda y sacar de ahí una cobija parecida a la de ella y cubrirla.

—Sh... Shiori.

Escucho de pronto, luego de colocarse nuevamente la mochila a su espalda.

El ninja, que regresó su mirada a la pequeña, le sonrió con ternura y luego miró hacia ambos lados; una vez de haberla envuelto con la prenda.

No podía dejarla ahí, mucho menos en la condición en la que se encontraba, tampoco podía ir por allí con ella en brazos en busca de sus padres. Lo descubrirían y eso no sería bueno ni para él ni para su aldea. Necesitaba llevársela y explicarle al Hokage la situación.

Una vez con esa idea, Minato se levantó con ella en brazos y exhaló; donde una nube de vapor salió de su boca.

—No te preocupes. Estarás bien, Shiori-chan —le aseguró, una vez de regresar su mirada a ella y sonreírle amistosamente para calmarla.

Antes de que la niña pudiera responderle con alguna monosílaba, el ninja y ella desaparecieron del lugar en una explosiva nube de humo.

××

Era de noche en Konoha, la mayoría de las personas dormían tranquilamente en sus casas... a excepción de algunos hombres que seguían trabajando, entre ellos un par de Shinobi que vigilaban la entrada de la aldea.

Ambos hombres trataban con todas sus fuerzas de mantenerse despiertos, su trabajo era cuidar y vigilar quienes entraban y salían de la aldea. No podían quedarse dormidos, podrían ocurrir miles de cosas si eso pasaba y eso no sería nada bueno, especialmente para ellos.

—No te vayas a dormir, Hiro —le advirtió su compañero entre bostezos.

—No lo haré pero... ¡Sería más fácil si no estuvieras bostezando a cada rato, Sora!

—Lo siento, no dormí bien anoche —contestó entre bostezos, causando que su compañero lo imitara de forma inconsciente.

—Si alguien nos viera así...

—No te vayas a dormir, Hiro —volvió a insistir Sora, aunque sonara más para él que para su amigo.

— ¡No lo haré! —gritó con enfado Hiro, logrando con ello alejar la pesadez de su cuerpo; justo en el momento en que un rayo amarillo pasó rápidamente frente a ellos.

— ¿Ese no era...? —trato de decir Sora pero fue interrumpido por Hiro que seguía parpadeando por la sorpresa de lo que había presenciado.

— ¿Quién más podría ser? ¿Un enemigo? —le dijo con un tono irritado, abrazándose a sí mismo y alejando la mirada para llevarla hacia la entrada. Continuaría con su trabajo aún si su compañero se quedaba dormido, no sería castigado nuevamente por el Hokage.

—Me pregunto... ¿Que habrá pasado para que llegara de esa forma? —murmuró Sora, obteniendo el interés de su compañero, que ahora observaba con curiosidad el camino por el que el rubio había marchado.

××

Cerca de las dos de la mañana, el tercer Hokage aún seguía en su oficina terminando unos informes que necesitaría para mañana temprano, mejor dicho, en unas cuantas horas más. Este día no podría irse a dormir; estaba cansado, agotado y se lamentaba de haber dejado el trabajo hasta el último momento pero estaba feliz por haber ido hablar con los niños de la academia ninja. Le gustaban los niños y también saber cómo les iba a cada uno de ellos las clases, contar alguna que otra historia del primero y del segundo Hokage y darles consejos... que sabía que en algún momento les servirían a ellos.

—Hokage-sama —se escuchó de pronto la voz de un hombre ya dentro de su oficina.

—Minato, ni siquiera escuche la puerta —musitó el Sandaime con cansancio.

—Lo siento, mis manos están ocupadas —alzando ambos brazos para que el Hokage pudiera ver mejor el bulto blanco que cargaba en ellas, Hiruzen se levantó rápidamente de su asiento y rodeó el escritorio para llegar hasta él.

— ¿Es... un niño? —Preguntó, luego de que parte de la cobija se deslizara hacia un lado y un rostro paliducho de un menor se asomara— ¿Qué ocurrió, Minato?

—Una niña —corrigió el Namikaze con una sonrisa, para después volverse a poner serio— No lo sé con exactitud, Hokage-sama. Al terminar mi misión la encontré, estaba sola en la nieve. No había nadie con ella... parecía que la habían abandonado —murmuró, frunciendo el ceño, ¿Quién podía ser tan cruel para abandonar a niñita en ese lugar?—. No sabía qué hacer y no podía dejarla ahí, hubiera muerto de frio.

—Entiendo —dijo el Hokage asintiendo, intercambiando miradas entre la pequeña albina y el ninja rubio—. Yo hubiera hecho lo mismo —agregó.

—Me dijo que su nombre es Shiori —anunció rápidamente el Namikaze, recordando ese detalle.

— ¿Te dijo algo más?

—No... —respondió, sintiendo como en esos momentos la niña comenzaba a moverse entre sus brazos—. Creo que no recuerda nada más que su nombre.

Al momento en que Minato terminaba de hablar, unos ojos se abrieron con cansancio y, parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la nueva luz de esa habitación, la pequeña miró primero al hombre de barba y después al rubio que había visto horas antes.

Minato al verla confundida, le sonrió con amabilidad cuando esta giró su rostro hacia él. El Hokage frente a ellos, observó aquello sin decir ni una palabra.

La niña parecía asustada y bastante confundida, si no fuera porque ya había visto al hombre que la cargaba, apostaba que se pondría a llorar.

— ¿Shiori-chan? —le llamó Minato, logrando que los ojos de la niña regresaran nuevamente a su dirección. Hiruzen daba un aire espeluznante.

Ambos esperaron en silencio a que la niña dijera algo cuando esta abrió su boca, pero en lugar de escuchar algunas palabras, la niña comenzó a toser fuertemente debido al frio en el que había estado por tantas horas.

—Será mejor llevarla a que la revisen, supongo que estuvo más horas en ese lugar antes de que tú la encontraras, Minato —sugirió el tercero y al instante Minato asintió.

—Tiene razón, Hokage-sama. La llevaré ahora mismo

—Cuando la revisen, regresa conmigo. Necesito que me des el informe completo de la misión y de cómo la encontraste allí —dijo el Hokage, señalando con cabeza a la niña.

El hombre rubio asintió, mirando fijamente los ojos del tercero y después desapareció de la oficina.

Luego de unos segundos observando el lugar donde la nube de humo se evaporaba, Hiruzen suspiró y camino hasta su silla para dejarse caer en esta con pereza.

Mañana no solo tendría un día difícil...

××

Un nuevo día se mostraba en Konoha, las calles comenzaban a llenarse nuevamente de gente yendo de un lado a otro. Los niños de la academia corrían para alcanzar sus clases y alguno que otro regresaba a su casa por un libro que habían olvidado.

Esa mañana, una chica pelirroja salía de su casa hacia al hospital para su revisión. Hacia unos días había regresado terriblemente herida de una misión, hasta el punto de quedar internada una semana en ese lugar, pero ella logro convencer —o amenazar, más bien— a la enfermera para que la dejaran salir de ahí lo antes posible. Ella no soportaba estar encerrada en una habitación, además le parecía innecesario que estuvieran al pendiente de ella cuando alguien más podía estar necesitando ayuda.

Y además, ella no necesitaba ayuda. ¡Era fuerte y podía soportar cualquier pelea!

— ¡Kushina! —gritó un hombre que venía a unos pasos detrás de ella agitando su mano en saludo.

— ¿Minato? ¿Qué no estabas en misión? ¿Cuándo llegaste-dattebane? —preguntó alegre la joven, lanzándose hacia él para abrazarlo una vez lo tuvo en frente.

—Por la noche, pero tuve que hacer algo y no tuve tiempo de ir a casa a dormir —respondió el rubio, sobando la parte trasera de su cabeza, un poco avergonzado ante la muestra de afecto de su novia.

— ¿Y cómo te fue?

—Bien —contestó en un tono de voz que a la pelirroja le pareció extraño y, haciendo rendijas sus ojos, Kushina cruzó sus brazos. Algo debía esconder.

— ¿Estás bien? ¿Qué pasa-dattebane?

— ¿Podrías hacerme un favor? —preguntó en cambio Minato, con un poco de nerviosismo, pues sabía que aquello no le iba a gustar del todo a su novia. La pelirroja asintió de inmediato, aun sin saber nada y él sonrió—. Bueno, sé que no te gusta cuidar niños pero podrías...

— ¿Quieres que cuide a un niño-dattebane? —preguntó horrorizada, sin dejar que Minato terminara de hablar.

— ¡Sí! Mira, su nombre es Shiori y....

Minato sin notar el estado de su pelirroja, comenzó a contarle lo sucedido la otra noche en su misión, toda la pelea y el cómo había encontrado a la niña entre la nieve, también el cómo la había traído con él y de lo que había tenido que hacer en el hospital para que dejaran que la niña se quedara. Incluso el pequeño detalle sobre Sora y Hiro y su cansancio. La pelirroja lo escucho sin decir nada ni hacer preguntas hasta que llegaron al hospital donde se encontraba la niña. Rápido subieron hasta la habitación y entraron en el momento justo cuando la pequeña despertaba.

Minato la saludó con alegría al verla mejor que anoche, la verdad es que si lo había preocupado. Ella había estado tosiendo mucho y temía que fuera algo grave luego de haber estado mucho tiempo varada en ese frio. Quien sabe que hubiera ocurrido si él no hubiera pasado por ahí.

La niña no habló mucho cuando le presento a la pelirroja, esta solo se quedó mirando a la kunoichi que le sonreía sin saber que más hacer... al igual que ella. La niña no parecía ser alguien que hablara mucho, más bien era seria y con una mirada pérdida, mientras que la pelirroja era más explosiva y animosa que la mayoría de las personas de Konoha.

—Bueno, tengo que ir a ver al tercer Hokage a su oficina y contarle bien como pasaron las cosas —anunció el rubio, luego de quedarse unos minutos más para que ambas se conocieran—. Vendré más tarde por ella para llevarla con el Hokage —le dijo a la pelirroja y luego giró a ver a la niña—. Toma tus medicinas Shiori-chan, así podrás salir antes de esa cama... ¡Nos vemos después!

Después de su despedida y que la extraña bola de humo desapareciera, la niña y la pelirroja se miraron por unos segundos en completo y total silencio.

—Etto... ¿Tienes sed? ¿Hambre? ¿Quieres jugar-dattebane? —preguntó Kushina, luego de sentirse incomoda con la situación; rápidamente la niña negó con la cabeza y después cerro sus ojos para ignorarla, sin ver como luego de unos minutos nueve mechones rojos se elevaban.

××

Luego de que Minato le contara la historia al Hokage y le mostrara algunos de los exámenes que le habían hecho a Shiori la otra noche; este tomo una decisión, pero como siempre, al tomar decisiones tan apresuradas y nada meditadas, los dos ancianos (no tan ancianos) del consejo se opusieron ante el Hokage.

No podían dejar vivir a un extraño en la aldea, fuera cual fuera el caso, era peligroso. Y Minato tenía la culpa por haberla traído sin haber avisado a alguien antes.

Minato en estos casos se disculparía con ambos pero no lo hizo con ninguno de los dos. La niña estaba sola y si no hubiera actuado como lo hizo, probablemente ella estaría muerta en esos momentos. Él había tomado una buena decisión y no cambiaría eso por nada.

Los días pasaron y la niña seguía siendo revisada por médicos, no podía salir del hospital hasta que tuvieran un poco más de información sobre ella. Los dos del consejo incluso le habían puesto cazadores ANBU vigilándola día y noche por precaución. Lo que era una exageración, siendo solo una niña.

Y mientras todo eso pasaba, Minato seguía insistiendo y peleando contra los dos del consejo para dejar a la niña quedarse en Konoha. Ella no tenía a nadie ahora y dejarla ir no era una opción para él o para el tercer Hokage.

Los días se volvieron semanas, en esas semanas la niña ya estaba completamente recuperada e incluso se desenvolvía mejor con Kushina y Minato. El Hokage al ver como la niña comenzaba a adaptarse a la aldea y a las pocas personas con las que tenía contacto, decidió que esta vez —sin darle importancia a los argumentos de los dos ancianos del consejo— Shiori se quedaría en la aldea y Minato se haría cargo de su cuidado y vigilia, por lo menos durante un tiempo.

Continuará...



Notas Finais


Hola, espero que les haya gustado.
Estaré subiendo la versión vieja de este fanfic por aquí, para los que quieran volver a leerlo, la nueva versión la estaré publicando en mi cuenta de Wattpad.
Saludos.


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