1. Spirit Fanfics >
  2. Lazos de Sangre - El Alfa y la Bruja. >
  3. Capítulo 2

História Lazos de Sangre - El Alfa y la Bruja. - Capítulo 2


Escrita por:


Capítulo 2 - Capítulo 2


Ino corrió con toda la rapidez que le fue posible en dirección a su hogar. Los guardias que custodiaban la entrada del territorio Namikaze inclinaban sus cabezas en señal de respeto al verla pasar.

Una de las cosas que los diferenciaba de la manada enemiga, era la cuantiosa cantidad con la que les superaban. Sus lobos eran feroces, rápidos y letales. Sin lugar a cuestionamientos, ellos no tenían mucho que envidiarle a los Lobos Gigantes que poseían Uchiha.

Contaban con ocho de sus mejores lobos distribuidos en pares en cada una de las cuatro entradas de la pequeña ciudadela que habían construido dentro de Konoha.

El encargado de la vigilancia de la entrada principal, era un hombre de veintiocho años aproximados. Alto en estatura, se le calculaba un metro con ochenta y siete; de aspecto rígido y fuerte, agregada a otra de sus particularidades, en su dorso traía colgada una enorme espada.

Zabuza Momochi, mejor conocido como “El Demonio Oculto en la Niebla”, título que le fue concedido al acabar con todos los estudiantes próximos a su graduación de la academia en Konoha. Había alterado las costumbres y el examen previo a la graduación de los estudiantes en la Aldea, y lo reemplazó por un método en el cual debían matar a todos sus compañeros en combate.

En aquel entonces, existía un instituto especial, al que sólo los Cambiaformas tenían acceso.

Pero a medida que pasaban los años, las situaciones fueron cambiando, al punto en que Cambiaformas se vieron obligados a convivir con los humanos.

Zabuza se había convertido en uno de los Siete Espadachines de la Niebla, y ahí tomó adquisición de su espada Kubikiribōchō, afilarla todo el tiempo que podía era su goce. También fue un miembro de la División de Asesinos de la manada Namikaze, convirtiéndose en el mayor especialista en rastreo, asesinato silencioso y espionaje.

Al lado suyo se encontraba un joven de diecisiete años: metro sesenta y seis de altura, complexión delgada, y de cabellos largos. Haku Yuki, solían llamarlo “Pequeño Haku” debido a sus cualidades; un lobo que no destacaba por su tamaño, pero era compensado por su velocidad y capacidad de crear tácticas con una rapidez sorprendente.

Zabuza y Haku eran inseparables.

Años atrás, cuando no era más que un crío, Zabuza lo había encontrado vagando por el bosque. Al ser carente de manada y de familia, le propuso hacerle compañía, ofreciéndole un hogar y una manada. Notar que había causado agrado en alguien pese a que fuese sólo un Omega indefenso, trajo felicidad a Haku. Desde entonces, el joven le siguió y obedeció en todo, aprendiendo nuevas técnicas, volviéndose uno de los lobos más inteligentes entre los jóvenes de la manada.

La de hebras doradas les dedicó una mirada fugaz al pasar frente a ellos. Zabuza levantó la cabeza para olfatear el aire, como si detectase algo anormal en él, seguido a ello posó su mirada en la chica. Ésta, al percatarse de ello, frenó su andar por unos escasos segundos, únicamente para dedicarle una mirada severa.

—¿Qué? —cuestionó ella con un tono de voz demandante.

Con inmediatez, el espadachín inclinó su cabeza una vez más, en modo de disculpa. Mirar directamente al rostro del Alfa, su compañera, y sus hijos, era considerado como una falta de respeto…. Cosa que a Ino le parecía ridículo al extremo. Pero, en esta ocasión, le fue útil eso que ella consideraba una estupidez.

Ella se había percatado de que Zabuza percibió el aroma de Los Uchiha en ella, y eso era extraño, teniendo en cuenta que apenas intercambió algunas palabras con ellos. De igual modo, sería un problema si su padre se enterase de eso.

—Zabuza. —Le llamó, haciendo empleo de un tono de voz autoritario. Si quería imponer respeto, debía actuar como su padre; y, en ese caso, optó por sonar igual o más dura que él.

La reciente actitud tomada por la joven, llegó a sorprender al mayor. Ino, que siempre se mostraba dulce y gentil, ahora estaba actuando como un Alfa cruel. —Digame, señorita.

—Estoy segura de que lo último que necesita usted en estos momentos, son problemas con el Alfa. Así que le sugiero discreción.

Ino no siguió perdiendo tiempo y siguió con su andar apresurando un poco más el paso.

Zabuza no tenía un pelo de tonto; sabía lo que le convenía, así que si le tenia el mínimo aprecio a su culo, iba a optar por guardarle el pequeño secreto a la joven.

Al llegar a su casa, corrió por los largos pasillos de la propiedad, buscando una habitación en particular.

La gente acostumbraba a referirse a esa estancia como “La Mansión Del Alfa”. No exageraban; la casa era bastante grande en realidad, demasiado para apenas cuatro personas. Pero no podía esperarse menos del poderoso empresario Namikaze, dueño de una prestigiosa constructora situada en la ciudad de Konoha. Ésa era la prueba de que los Cambiaformas vivían una vida normal, como cualquier otro humano.

A los hijos de Minato nunca les importó el tamaño de la casa, mucho menos los lujos. Tampoco les había interesado que les consideraran como seres que merecían respeto por su linaje. La verdad es que les tenía sin cuidado lo que pensaban los lobos acerca de ellos. Si bien eran recién llegados, sabían a la perfección lo que ocurría en aquella ciudad, y cómo se han manejado las cosas por años.

Ellos amaban la simpleza, estar en contacto con la naturaleza, la tranquilidad… la paz… razón por la cual no lograban adaptarse del todo con toda la atención y los miles de ojos sobre ellos todos los días.

La joven Namikaze se aproximó hacia la puerta que había estado buscado desde el momento en que llegó a casa.

—Aquí estás.

Un par de ojos azules se levantaron en su dirección.

En la habitación se escuchó un pequeño suspiro, y el cuerpo de un joven rubio se enderezó sobre la cama.

Se trataba de Naruto Namikaze, el hijo menor de el legendario Lobo Dorado, Minato Namikaze.

—¿Qué quieres? —respondió con voz áspera, dejando el celular que llevaba en su mano a un costado, para centrar su atención en la ojiazul, que no perdió tiempo y se apresuró en acercarse para tomar asiento junto a él.

—Lo vi.

—¿A quién?

—Al chico de mis sueños.

Parecía que a Naruto se le iluminaron los ojos, a la vez que una gran sonrisa se dibujó en sus labios. Había oído tanto sobre los extraños sueños de su hermana, que le resultaba interesante todo lo que tuviera que ver con ello. —¿Qué esperas? Anda, desembucha.

—Estaba con su hermano menor, que, por cierto, es un amargado y casi me salta encima cuando supo quién soy.

—Maldito perro… ¿Cómo que cuando supo quién eres? ¿Qué fue lo que les dijiste? —No en vano se preocupaba. Si los Lobos llegasen a enterarse de quiénes eran en realidad, seguro iniciarían una cacería en contra de ellos.

—Tranquilo —mencionó con notoria despreocupación—, que sólo le dije que era hija del jefe.

—Oh… —dejó salir un pequeño suspiro de alivio—, Prosigue.

—Él me reconoció como su compañera, y, ¡oh, joder…! ¡Está ardiente!

—Eso ya lo veía venir… ¿Qué harás ahora?

—No lo sé, no quisiera arriesgarme con él. —Un sonoro suspiro escapó de sus labios. Volver a ver al Uchiha era tan peligroso como desafiar al Alfa por el liderazgo. Sin embargo, el destino había decidido que sus caminos se cruzarían; cambiar eso no sería cosa sencilla.

—¿Es broma? Tienes que verlo de nuevo, al menos si está tan guapo como dices. —En el fondo, sabía que apoyar a su hermana era una locura, casi tan grande como la idea de vivir con Lobos.

—Guapo queda corto —cerró los ojos mientras dejaba que su espalda cayera contra el colchón —. Itachi Uchiha es el chico más caliente que he visto.

Ciertamente, Itachi era muy capaz de seducir a cualquier chica. Con su sonrisa seductora y el cuerpo de dios griego con el que cargaba, en definitiva se trataba de un chico moja bragas.

Irresistiblemente encantador, acompañado de una bulla en derredor que advertía peligro… Para Ino, aquello no podría ser más tentador.

—Sí. —Su mano izquierda buscó una almohada detrás de su cuerpo, y al encontrarla, la estampó contra la cara de su hermana, que se encontraba soñando despierta—. Y es un lobo, debes tener cuidado.

—El lobo más sexy de todos. —Sus palabras fueron amortiguadas por el objeto que tenía sobre su rostro.

—Y es tu enemigo. Va a matarte cuando se entere.

La joven soltó un bufido. Ciertamente, todos los lobos deberían ser enemigos, en especial porque consideraban a las Brujas como una gran amenaza.

Sí, Ino Namikaze era una bruja, y no de las que salen en los cuentos. Para nada se trataba de una anciana fea y arrugada.

No.

Ella era hermosa en su totalidad.

Tenía la juventud a flor de piel, un cuerpo bastante bello y tonificado, y un rostro que daba impresión de haber sido esculpido por los mismos dioses del Olimpo.

Durante siglos, los Lobos se dedicaron a cazar a sus mayores enemigos: Los Brujos y Brujas. A mediados del siglo ⅩⅥ y ⅩⅦ, tras una guerra devastadora y sangrienta, las Brujas habían desaparecido del mapa… mas nunca fueron desvinculadas por completo del mundo humano.

Se consideraba que seguían viviendo entre los humanos, como simples mundanos. En ese entonces, Los Cambiaformas vivían separados de la civilización, se sabía de la existencia de estos seres, y se trataba de vivir lo más alejado posible de ellos. Aunque en la actualidad estas criaturas solo figuren como leyenda.

A mediados del siglo ⅩⅧ, cuando los Lobos finalmente vivían en paz, y creían haberse librado de las Brujas, éstas reaparecieron con un aquelarre mucho más poderoso, desafiando a los Lobos por el territorio. Y ellos aceptaron, para desatar, una vez más, otra guerra abundante en sangre, en la cual murieron miles de Lobos y Brujas.

Sólo quedó una pequeña manada de Lobos, dentro de la cual, se desató un conflicto por causa del liderazgo.

Los hermanos Indra y Ashura Ōtsutsuki, ambos Alfas, se negaban a reconocer al otro como líder de la manada.

Las situación obligó a ambos hermanos a separarse, dicha separación formó dos pequeñas coaliciones, que con el tiempo y por las circunstancias, fue quedando como enemiga.

Durante ese tiempo se conocían como “Manada Indra” y “Manada Ashura”. Pero, con el tiempo las cosas evolucionaron, hasta que Madara Uchiha tomó el control de la Manada Indra, pasando este a portar el apellido Uchiha. Casi de manera simultánea, Hashirama Senju ganó el liderazgo de la Manada Ashura, la cual conservó el mismo nombre hasta que el poderoso Legendario Lobo Dorado tomó posesión del liderazgo, pasando a llamarse entonces “Manada Namikaze”, nombre que conserva hasta la actualidad.

¿Y con las Brujas? Bueno, sólo quedaron unas cuantas de ellas, que pasando los años fueron cazadas de a una, hasta que no quedó ninguna. Al menos eso era lo que creía todo el mundo.

—Supongo que lo verás de nuevo, aunque eso signifique poner nuestros culos en peligro.

Naruto tenía razón, corrían peligro por ambas manadas. Por más que fueran hijos del Alfa, de igual manera serían castigados si entran en contacto con la manada ajena. Y peor peligro corrían si estos se enterasen de su secreto.

—No voy a poner tu lindo culo en peligro, sabes que nunca lo hago —habló mientras retiraba la almohada de su rostro y volvía a erguirse.

—¿Qué más pasó? —indagó curioso el menor.

—Sólo saben que soy humana y que soy hija de Minato. No pudimos hablar más porque el Uchiha menor quiso atacarme, entonces Itachi tuvo que llevarlo. —Con cierta pena siguió relatando.

—Supongo que no demostraste demasiado interés en él, ¿o sí? —El blondo elevó con exagero una de sus cejas, provocando que la mayor rodase los ojos por el gesto.

—Supones bien, fingí ignorancia ante el asunto de los compañeros, lobos, lazos de sangre, manadas y toda esa mierda.

—Yo aún no entiendo porqué vinimos a refugiarnos en este lugar de locos, huimos de lobos y vinimos a una manada. Además, nunca fuimos de seguir reglas y mierda —soltó mientras movía sus manos con exagero. A veces, llegaba a ser tan desesperante, que hasta su propia hermana sentía ganas de golpearlo. De no ser por el gran amor que le tenía, ya lo habría hecho en más de una ocasión.

—Naruto, no tengo que recordarte porqué estamos aquí.

El aludido soltó un bufido al par que hacía rodar sus ojos, gesto que ya era característico de los de hebras rubias. Si los hermanos estaban viviendo con Lobos, no era precisamente porque eran amantes de los cánidos.

Hacía varios años, en el último ataque que sufrió la manada Namikaze, Minato quedó malherido a lo sumo. La coalición fue atacada por hienas y panteras, decenas de ellas.

Las malditas eran rápidas y letales, varios Lobos murieron en esa ocasión, pero no por ello las dejaron ganar.

Al final, el Alfa fue herido con balas de plata. No es novedad que dicho metal es mortífero para los Lobos, como la kryptonita para Superman, si se considera una buena comparación.

Minato estaba al borde de la muerte cuando ambos hermanos lo encontraron.

Ellos lo llevaron a una pequeña cabaña en medio del bosque, aislada de los territorios Uchiha y Namikaze.

Cuidaron de él durante varios días, y con las pociones que Ino preparaba lograron salvarlo. Minato, al ver que estos tuvieron la oportunidad de matarlo, y no lo hicieron: decidieron salvarlo, a él, un Lobo -el mayor enemigo de los Brujos; supo que sus intenciones eran buenas y que no harían nada para dañarlo, muy por el contrario, lo salvaron de la muerte.

En gratitud, les ofreció un hogar en su coalición, que ellos se rehusaron a aceptar, ¿y cómo no? Si los Lobos desde siempre fueron sus enemigos, no podían culparlos si desconfiaban.

Los Brujos sabían que no iban a ser bien recibidos, que tal vez era una trampa para matarlos.

No era así… Minato estaba en deuda con ellos, y si el Alfa tenía una deuda, significaba que toda la manada la tenía también.

Todos los miembros de la coalición les estaban agradecidos, aún más, se sentían en la obligación de ayudar al par de Brujos, por más que estos fuesen considerados enemigos.

Iba contra toda la lógica, lo sabían, pero… ¿importaba eso en ese momento? Ellos salvaron a su Alfa, y eso, era más importante que cualquier otra cosa, más que un maldito tabú, como lo consideraban algunos.

Durante meses, Minato y sus Lobos les hacían visitas en aquella cabaña. Nunca llegaban con las manos vacías, y, por supuesto; nunca dejaron de insistir en que había un lugar para ellos en la manada. Fue cuestión de tiempo para que los hermanos se ablandaran hasta acabar por acceder.

Pero sólo pasaron a vivir con ellos desde hace tres meses atrás. Fue entonces que Ino se enteró del lazo de sangre que la unía a un lobo, su peor enemigo…

Desde entonces, ese Lobo la perseguía en sueños, pero extrañamente siempre era ella quien lo miraba a él.

Al principio sintió enloquecer; no podía dormir, apenas cerraba los ojos y le venía en mente la imagen de aquel azabache.

Se rehusaba a aceptar cualquier unión que los atase, pero eso era algo con lo que no podía luchar. El destino es una perra, y la unió con un Lobo.

Los labios del rubio se entre abrieron para pronunciar alguna cosa, mas el sonido de unos golpes en la puerta lo interrumpió.

—Adelante.

La puerta se abrió, e Ino giró su rostro para observar a quien estaba tras ella. Se tomó el tiempo de recorrer con la mirada la anatomía ajena. Por unos largos segundos su vista se fijó en aquel torso desnudo, detallando en los seis cuadritos que se situaban en su abdomen.

Sus dientes presionaron con disimulo su labio inferior, mientras que sus ojos se encargaban se seguir con el recorrido, subiendo un poco más, examinando sus pectorales, desembocando en su rostro.

El par de ojos grisáceos, tan intensos como gélidos, llamaban la atención de cualquiera.

Una belleza increíble, y a la vez aterradora, combinaba a la perfección con la seriedad característica de su rostro.

A Ino le parecía imposible que alguien fuese tan serio… oh, pero Hyuga Neji lo era.

—El Alfa solicita la presencia de ambos. —Su tono de voz tan frío llegaban a estremecer a cualquiera.

—Claro, enseguida vamos.

Tras hacer una inclinación con la cabeza, procedió a retirarse del lugar.

Raramente alguien tenía la libertad de entrar a la casa del Alfa, y Neji pertenecía a ese reducido número de personas que tenían la confianza absoluta de Minato.

La mayor de los Namikaze le siguió con la mirada, hasta que éste se perdió por los pasillos.

Genio, hermoso y letal…

—Secate la baba, Ino.

La joven soltó un pequeño suspiro, devolviendo la mirada a su hermano. —Qué hombre…

—Sí, y está ca-sa-do.

—Detalles. —movió una de sus manos, restándole importancia.

Naruto solo negó con la cabeza, al par que soltaba una ligera risa por aquel comentario.

La mayor le había “echado el ojo” al Hyuga desde que llegaron, pero su hermano en el fondo sabía que eso no era del todo verdad.

Ambos se levantaron de la cama, y posterior a ello se encaminaron fuera de la habitación, tenían que llegar a la oficina del Alfa si eso era lo que él solicitaba.

En el camino pudo observar a las personas caminando por las calles con tranquilidad. Se cuestionaba cómo podía todo parecer tan normal, cuando se trataba de cambiaformas Lobos. Eso, en definitiva, estaba lejos de ser normal.

—Te acostumbrarás —soltó de pronto la mayor, como si estuviese leyendo sus pensamientos.

—Es tan raro todo esto. Viven como si fuesen las personas más normales del mundo, y son como…

—¿Lobos?

—Animales.

—¡Naruto! —Sin pensarlo dos veces, la mano de la fémina se estampó con fuerza contra el brazo izquierdo de Naruto.

—¿Qué? Es la verdad. Los molestas más de dos segundos y se convierten en perros rabiosos que no dudan en destrozar cuerpos.

—Habló la persona más humana del mundo.

—Perdóname, pero yo no muerdo ni desgarro.

—Haces cosas peores.

—Y tú eres una santa, ¿no? Ino, cierra la boca.

La chica hizo rodar los ojos y se limitó a seguir con su camino, hasta llegar a su destino.

—Este lugar es tan deprimente. —La voz de Ino captó la atención de Minato, que apenas y era visto por la pila de papeles que tenía frente a él—. ¿De qué sirve que seas el hombre más rico de esta ciudad si de igual manera tienes que trabajar?

—El poder cuesta, querida. —Le respondió al separarse un poco de su escritorio, apoyando su espalda al respaldar del asiento. Soltó un leve quejido, llevaba horas sentado en ese escritorio, por estar resolviendo cosas de la manada, había descuidado su trabajo. Nadie dijo que llevar una doble vida era sencillo.

—¿A qué se debe que el señor Alfa haya solicitado nuestra humilde presencia? —cuestionó el menor.

—¿Acaso no puedo ver a mis hijos, Naruto?

—Papi, no somos tan adorables para que quieras vernos simplemente porque nos extrañas.

El mayor rió ante el comentario. Arrastró su asiento, alejándose un poco de su escritorio para poder levantarse, y dirigió sus pasos hasta los jóvenes, posándose frente a ambos. —Necesito pedirles un favor.




Gostou da Fanfic? Compartilhe!

Gostou? Deixe seu Comentário!

Muitos usuários deixam de postar por falta de comentários, estimule o trabalho deles, deixando um comentário.

Para comentar e incentivar o autor, Cadastre-se ou Acesse sua Conta.


Carregando...