História My Beautiful Nightmare (Gerard Way) - Capítulo 10


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Categorias My Chemical Romance
Personagens Frank Iero, Gerard Way, Mikey Way, Personagens Originais, Ray Toro
Tags Amor, Desamor, Drama, Erotismo, Frankiero, Gerardway, Juvenil, Mikeyway, Raytoro, Romance, Tragedia
Visualizações 23
Palavras 2.055
Terminada Não
NÃO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 ANOS
Gêneros: Drama (Tragédia), Ficção, Ficção Adolescente, Romance e Novela
Avisos: Adultério, Álcool, Drogas, Linguagem Imprópria, Sexo
Aviso legal
Os personagens encontrados nesta história são apenas alusões a pessoas reais e nenhuma das situações e personalidades aqui encontradas refletem a realidade, tratando-se esta obra, de uma ficção. Os eventuais personagens originais desta história são de minha propriedade intelectual. História sem fins lucrativos, feita apenas de fã para fã sem o objetivo de denegrir ou violar as imagens dos artistas.

Capítulo 10 - Capítulo 10


Fanfic / Fanfiction My Beautiful Nightmare (Gerard Way) - Capítulo 10 - Capítulo 10

Despierto confundida y siento mi brazo doler cuando lo muevo levemente. Suspiro y miro el reloj a un lado en la mesa de noche para descubrir que ya es bastante tarde, ya ha anochecido.

Trato de incorporarme en la cama y miro mi habitación oscura sin saber exactamente qué sucede. ¿Todavía no llegan los señores Way? Usualmente a esta hora ya están en casa, aunque ya no pasen mucho tiempo con sus hijos ellos siempre están en aquí para esta hora.

Prendo la lámpara de la mesa de noche y me abrazo a mí misma sintiendo frío de pronto, miedo incluso. Cierro los ojos fuertemente y las imágenes de mi madre herida sobre el suelo de mi antigua casa me atacan. Niego con la cabeza rápidamente queriéndome quitar esas horribles imágenes de la mente, pero es imposible... Nada va a cambiar el hecho de que mamá haya muerto de una forma tan inconcebible, tan irreal y devastadora.

Las lágrimas resbalan por mis mejillas y el recuerdo de mi madre me persigue, enojada por mi repentino olvido por ella, decepcionada por verme sonreír cuando lo que pasó no era para que volviera a sonreír nunca y triste por tratar de reemplazarla con alguien más, con muchas personas más.

Los pensamientos me aterran y me atacan como monstruos desesperados debajo de mi cama, esperando para terminar completamente conmigo, y la desesperación me asfixia totalmente, mis pulmones no tienen más aire, la ansiedad es terrible.

La angustia sólo me asfixia más y la oscuridad me rodea por completo, pero de pronto comienzo a escuchar una voz.

—¡Hayley!

La habitación se desvanece por completo y yo abro los ojos completamente aterrada.

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que Mikey me toma fuertemente los hombros. Mis mejillas están empapadas en lágrimas, mi frente tiene algunas gotas de sudor y todo mi cuerpo sigue hirviendo en fiebre. Mierda.

Vuelvo a llorar recordando mi sueño y Mikey me abraza con suma preocupación. Trato de abrazarme a él como puedo y por un momento pienso en que ya no quiero volver a cerrar los ojos nunca más.

Me aferro a Mikey desesperada, tratando que la sensación de completa soledad que me dejó el sueño desaparezca por completo, y mi llanto no cesa.

—Tranquila, tranquila, sólo fue una pesadilla por la fiebre —dice Mikey tratando de calmarme.

Pero la tristeza no desaparece, porque el sueño me atormenta y me hace pensar que es real, que todo lo que he soñado es lo que mi subconsciente piensa de mí, de mi actitud, y no me puedo controlar.

Niego con la cabeza mientras me alejo abruptamente de Mikey aún llorando, sin dejar de pensar en mi sueño, y Mikey se confunde por mi actitud de rechazo hacia él.

Todo este tiempo me he dejado llevar por la situación, evitando pensar que por dentro me sentía terrible, evadiéndome a mí misma y a mis verdaderos sentimientos, fingiendo delante de estas personas. Todo este tiempo tratando de sonreír cuando por dentro la imágen de mi madre muerta aún permanecía viva, cuando aún me torturaba su recuerdo, lo que había pasado, y sin embargo yo sonreía, mentía.

Mi madre debería estar enojada, decepcionada y sumamente triste por mi comportamiento, pero principalmente por olvidarla sólo para evitar sentir dolor, sólo por pensar en mí misma.

Gimo sintiendo desprecio por mí mientras Mikey aún trata de acercarse sin ningún éxito.

—¡Aléjate de mí! —le grito sintiendo odio de pronto por él.

—Hayley, por favor, sólo fue una pesadilla, todo está bien... Hayley, todo está bien —asegura Mikey con voz suave pero firme y toca mi mano.

Alejo mi brazo de él y me pego al respaldo de la cama tratando de huir desesperadamente. Sólo quiero estar sola, no quiero que me toque, no quiero que esté aquí. Aunque de pronto la señora Way interrumpe en la habitación sumamente preocupada al escuchar los gritos.

—¿Qué sucede aquí?... Dios, Mikey, te dijimos que la cuidaras, no que la asustaras —dice su madre frunciendo el ceño mientras se acerca rápidamente a nosotros.

Yo me pego aún más al respaldo de la cama y me abrazo a mí misma con temor, aún con la sensación de la pesadilla recorriéndome todo el cuerpo.

—No, tuvo una pesadilla, tiene miedo —le explica Mikey en voz baja a su mamá y ella frunce los labios.

Tomo la sábana de la cama sin detener mi llanto y me cubro rápidamente todo el cuerpo, sintiendo rechazo ante las dos personas delante de mí.

La señora Way se acerca lentamente a mi cama y yo niego con la cabeza, con un profundo miedo enterrado en lo más profundo de mí, pero la señora Way no detiene sus pasos. Cierro los ojos y siento el peso de la señora Way en la cama. Mi llanto se hace más fuerte, pero antes de que me dé cuenta ella me atrae hasta sus brazos y me sujeta con dulzura.

Mi temor cesa casi inmediatamente, aún así no abro los ojos ni detengo mi llanto. La señora Way comienza a acariciar mi cabello despacio, con dulzura, tratando de calmarme, y su abrazo poco a poco me trae de vuelta a la vida real, de la que había escapado antes cuando dormía y cuando me había despertado.

Mis lágrimas poco a poco se detienen y mis brazos rodean también a la señora Way rindiéndome ante su tranquilidad.

(...)

—Dios... —murmura la señora Way después de terminar de contarles lo que me sucedió.

Mikey tiene la mandíbula tensa y parece muy enojado.

—Creo que lo van a expulsar —añado en voz baja y sin levantar la mirada.

—¡Vaya! Es lo mínimo que podrían hacer. Deberías llamar a la policía o poner una demanda mamá... ¡Le han roto el pie a Hayley! —exclama furioso Mikey.

Abro completamente los ojos y levanto la cabeza mirándolos con temor.

—No, no, por favor no, no tienen que hacer eso. Cuando expulsen al chico ya no lo volveré a ver, eso será suficiente —digo para tratar de convencerlos.

La señora Way me mira preocupada mientras que el coraje de Mikey no desaparece ni un segundo. Ambos se quedan callados y yo vuelvo a bajar la mirada.

Han pasado más de dos horas desde que he despertado de mi pesadilla. La señora Way me ha preparado té y me ha ayudado a sentar en el cómodo sofá de la sala junto con ella y con Mikey para contarles porqué es que tengo yeso en el pie y mi brazo está vendado.

Gerard no está en casa. Mikey dice que en cuando vio que él llegó, Gerard le dijo que subiera a cuidarme a mi cuarto y se fue sin dar más explicaciones. A todos les ha parecido extraño, pero en cuanto he empezado a contar lo que me sucedió en la escuela todos se olvidaron al instante de Gerard por completo... Excepto yo.

—¿Las pastillas que encontré en tu cuarto eran las pastillas que la doctora recetó? —pregunta de pronto Mikey confundido y yo asiento con la mirada.

—Gerard fue a comprar medicina cuando ustedes todavía no llegaban —informo con la cabeza abajo, mirando la taza de té en mi mano.

—¿Gerard fue a comprar tus medicinas? —pregunta de nuevo Mikey asombrado y yo vuelvo a asentir con la mirada.

—¿Y te llevó a tu habitación? —pregunta también asombrada la señora Way. Yo asiento de nuevo lentamente.

Y mis ojos se llenan de lágrimas al recordar ese momento. He pasado de estar riendo tontamente con Gerard a sentirme totalmente mal y a no querer ver a nadie.

Esa pesadilla que tuve me ha hecho volver a sentirme tan mal como la primera vez que estuve aquí. La imágen de mi madre muerta aparece de nuevo del lugar oscuro del que la había enterrado y definitivamente vuelve a torturarme como la primera vez.

Tal vez no debería pensar en eso. A pesar de que no les he contado de qué trataba mi sueño, Mikey y la señora Way me han repetido varias veces que sólo es una pesadilla, que no debería prestarle atención. Y es cierto, no debería significar nada, pero en realidad no puedo evitar pensar en lo mucho que significa ese sueño para mí.

Tan sólo quiero esconderme en un lugar oscuro y llorar, hacerme lo más pequeña posible y no ver a nadie. Pero no puedo hacerlo, principalmente porque ni siquiera puedo pararme del sillón sin que alguien me ayude.

—Tal vez deberías volver a la cama, Hayley —comenta la señora Way de pronto, con un pequeño gesto de tristeza en su rostro.

Me quedo callada un segundo tratando de no llorar y bajo la cabeza.

En realidad, sólo quiero... ver a Gerard.

—Sí, deberías volver a la cama, yo podría cuidarte de nuevo por si vuelves a tener otra pesadilla —murmura Mikey también preocupado.

Alzo la mirada lentamente y lo encuentro mirándome con el ceño ligeramente fruncido y con un imborrable gesto de preocupación en su rostro. Levanto los labios en una pequeña sonrisa cansada y su semblante inmediatamente se relaja un poco más.

Miro cada parte de su rostro, cada facción, y no puedo creer cuánto se parece Mikey a su hermano, a pesar de que Mikey tenga el cabello castaño claro y Gerard lo tenga rojo el parecido es impresionante.

Bajo la mirada al recordar a Gerard y mi ánimo decae un poco más. Tal vez nunca más se vuelva a preocupar por mí como lo hizo este día, teniendo en cuenta de que en cuando llegó Mikey él inmediatamente desapareció entonces no creo que fue agradable pasar el tiempo conmigo.

Suspiro sin poder evitarlo y recuerdo su última mirada antes de dormirme cuando me llevó a mi cuarto... Parecía muy serio, tal vez ya estaba harto de mí.

—Ey, no estés triste, estas semanas te quedarás aquí en casa y no sabes lo bien que la pasaremos juntos —dice Mikey tratando de animarme y yo sonrío levemente para él.

—Sí, tienes razón —respondo sin borrar mi sonrisa y la señora Way inmediatamente también sonríe menos preocupada.

Volteo la mirada hacia una de las ventanas de la sala y observo con bastante sorpresa que no ha dejado de llover. Cuando me desperté de la pesadilla ni siquiera lo noté. Suspiro cansada y veo que ya es tarde, ya ha anochecido completamente... Como en mi pesadilla.

—Mikey —lo llamo inconscientemente y él inmediatamente responde a mi llamada.

—¿Sí? ¿Qué pasa? —pregunta de pronto preocupado nuevamente.

—No quiero estar sola —murmuro asustada mientras vuelvo a bajar la mirada.

Mikey voltea a ver a la señora Way un momento y la señora Way levanta una tierna sonrisa para mí. Así que sin dudar un segundo más, Mikey se acerca a mí y me abraza cariñosamente.

—No te voy a dejar ni un segundo —murmura en mi oído con seguridad y eso logra reconfortarme casi totalmente.

Pero de pronto alguien se aclara la garganta detrás de nosotros, y todos nos sorprendemos cuando volteamos la mirada y vemos a la persona parada en el marco de la puerta de la sala... Es Gerard. Pero parece desorientado, lleva una chaqueta de cuero negro abierta y desordenada, al igual que su cabello que además está mojado. Pero lo que más me preocupa son sus ojos... Están muy rojos.

—Hola madre. Hermano —saluda fríamente a su familia con la voz seria.

Gira su mirada hacia mí y nuestros ojos se conectan. Una corriente eléctrica me recorre la espina dorsal inmediatamente, pero aún así no me atrevo a romper nuestro contacto visual. Él se queda ahí sin despegar la mirada de mí unos segundos que a mí me parecen eternidades, pero al final sólo suspira, baja la mirada y se va caminando hacia las escaleras sin siquiera saludarme.

Siento que mi pecho se presiona con dolor sin ninguna razón y unas ganas de llorar me atacan repentinamente.

¿Tanto lo he hartado? Ni siquiera me ha hablado. Dios... ¿Qué fue lo que hice para que él se sintiera así? Bueno, en realidad tal vez ha sido porque tuvo que traer a sus amigos hasta la casa para cuidarme, porque lo interrumpí cuando estaban tocando aquella hermosa canción, o tal vez sólo porque me odia y pasó la mayor parte del tiempo conmigo este día.

Pero esta tarde cuando me llevaba en sus brazos hasta mi habitación no parecía que me odiara, parecía alegre y divertido en realidad.

Ufff, quién entiende a los hombres.

—Debe de haber llegado a penas de alguna fiesta con sus amigos, no le prestes atención —murmura Mikey serio sin dejar de mirar el pasillo por donde se ha ido Gerard.

Asiento con la mirada y vuelvo a bajar la cabeza sin saber qué más decir.




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