História My Beautiful Nightmare (Gerard Way) - Capítulo 11


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Categorias My Chemical Romance
Personagens Frank Iero, Gerard Way, Mikey Way, Personagens Originais, Ray Toro
Tags Amor, Desamor, Drama, Erotismo, Frankiero, Gerardway, Juvenil, Mikeyway, Raytoro, Romance, Tragedia
Visualizações 13
Palavras 2.175
Terminada Não
NÃO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 ANOS
Gêneros: Drama (Tragédia), Ficção, Ficção Adolescente, Romance e Novela
Avisos: Adultério, Álcool, Drogas, Linguagem Imprópria, Sexo
Aviso legal
Os personagens encontrados nesta história são apenas alusões a pessoas reais e nenhuma das situações e personalidades aqui encontradas refletem a realidade, tratando-se esta obra, de uma ficção. Os eventuais personagens originais desta história são de minha propriedade intelectual. História sem fins lucrativos, feita apenas de fã para fã sem o objetivo de denegrir ou violar as imagens dos artistas.

Capítulo 11 - Capítulo 11


Fanfic / Fanfiction My Beautiful Nightmare (Gerard Way) - Capítulo 11 - Capítulo 11

A la hora de dormir Mikey me ayuda a llegar hasta mi habitación, junto con la señora Way que no parece molestarle en absoluto que Mikey quiera dormir conmigo.

Al estar en frente de la puerta de mi habitación me giro un segundo y veo el  cuarto de Gerard al otro lado del pasillo. No se escucha ni un sólo sonido y eso me preocupa. Pero Mikey y la señora Way parecen más preocupados en llevarme hasta la cama de mi habitación, prestando toda la atención en mí. Y de pronto me doy cuenta... ¿Es por eso que Gerard está así? ¿Por la atención que recibo? Tal vez es eso lo que no le ha gustado de mí desde el principio, toda la atención que tengo de su familia.

Pero no la estoy pidiendo, sólo la estoy recibiendo sin más.

Suspiro cansada cuando ya estoy recostada en la cama. Giro la cabeza y veo que la señora Way está a punto de bajar las cortinas de la ventana, cuando  yo me apresuro a detenerla.

—¿Podría por favor dejarlas así? Me gusta ver la lluvia —explico a la señora Way y ella asiente.

Se acerca hasta mí y se sienta en el borde de la cama. Su rostro parece algo cansado, su sonrisa amable es sincera, sin embargo sus ojos ya no brillan, su cara está pálida y sus ojeras son apenas notables, ésto por la gran abundancia de maquillaje que se ha puesto para que no se vean.

Parece cansada, completamente diferente de la primera vez que la vi cortando el césped del patio de su casa cuando apenas nos habíamos mudado con mamá. Ahora parece preocuparse mucho más, ya no corta el césped del patio y la mayor parte del día está en el trabajo como el señor Way, o eso es lo que ellos nos dicen.

Muerdo mi labio y alejo la mirada de ella tratando de evitar llorar justo ahora. Ellos me han dado tanto, no puedo darles más preocupaciones, aunque al final tenga que fingir delante todos... Como dije en mi sueño.

—¿Quieres que Mikey se quede a cuidarte? —pregunta la señora Way en tono cálido y tranquilo.

Yo asiento con la mirada sin poder hablar y aún sin mirarla. Ella suspira lentamente y se gira hacia Mikey, quien también está sentado en la cama a un lado de mí.

—¿Te quedarías con Hayley? —pregunta y Mikey voltea serio hacia mí.

—Me quedaré si Hayley quiere que me quede, por supuesto —contesta seguro y yo  repentinamente me incorporo en la cama para lanzarme a los brazos de Mikey sin poder evitarlo.

Cuando había despertado de la pesadilla tan sólo quería tenerlo lo más lejos posible de mí, sin embargo ahora no era así, no quería estar sola, no quería sentirme de esa forma... Por favor que no se vaya, que no me deje.

La señora Way esboza una tierna sonrisa y se levanta de la cama.

—Está bien. Pero debes de cuidarla Mikey, si le empieza a doler el pie o el brazo ya sabes qué hacer —dice la señora Way con seriedad y Mikey asiente igualmente.

Camina hacia la puerta y se gira hacia nosotros un momento para mirarnos. Sigo escondida en el pecho de Mikey cuando nos observa, pero puedo ver perfectamente desde donde estoy la gran y verdadera sonrisa de la señora Way al vernos... Como una madre que mira sonriendo con amor cómo sus hijos juegan felizmente entre ellos.

Mi pecho brinca repentinamente por ese pensamiento, pero simplemente decido no prestarle atención a mi cabeza y me abrazo a Mikey con un poco más de fuerza mientras oculto mi vista entre su firme pecho. Y tiempo después la señora Way desaparece de la habitación.

Muerdo mi labio y poco a poco me voy alejando de Mikey sin mirarlo, pero él toma suavemente mi mentón y lentamente me hace voltear a verlo a los ojos.

—No tengas miedo Hayley, conmigo no hay nada de lo que temer —murmura como una promesa y yo asiento sin poder despegar la mirada de sus ojos.

Son tan brillantes... Y cómo se parecen a los de Gerard.

Bajo la cabeza y él me vuelve a ayuda a recostarme sobre la cama, para segundos después él también recostarse a un lado de mí, a una distancia prudente para no lastimarme cuando duerma. Y yo me volteo ligeramente para ver la lluvia chocar contra la ventana.

El ambiente es muy relajante, y minutos después escucho a Mikey suspirar tranquilo a mis espaldas mirando también la ventana de la habitación. Y el sueño cada vez se apodera más de mí.

(...)

Abro los ojos lentamente y miro por la ventana que ya es de día y que ya ha dejado de llover también. Suspiro y me doy la vuelta en la cama cuidadosamente buscando a Mikey inconscientemente... Pero no hay nadie.

Frunzo el ceño confundida, aunque luego recuerdo que él sí tiene que ir a la escuela. Seguro se fue muy temprano, no me di cuenta cuando él se levantó.

Me incorporo en la cama y observo que recargadas sobre la pared hay un par de muletas. Sonrío de lado sin poder evitarlo y las tomo inmediatamente. Las muletas son algo incómodas, tendré que acostumbrarme a usarlas sin utilizar tanto mi brazo lastimado, aunque por suerte me darán un poco más de independencia.

Muerdo mi labio y levanto la mirada hacia el baño. Quiero darme una ducha, pero no sé si pueda hacerlo sola... Mmmm... Podría intentarlo, además creo que soy lo suficientemente competente como para darme una ducha yo sola. Aunque tal vez debería dejar la puerta de mi cuarto abierta por si acaso.

Asiento decidida con la cabeza y comienzo a sacar el nuevo conjunto de ropa del armario de mi habitación con cuidado de no lastimar mi brazo. Y cuando todo ya está listo voy directamente hacia el cuarto de baño para comenzar a quitarme la ropa

Deslizo las prendas por mi cuerpo, pero después caigo en cuenta... ¿Cómo podré ducharme con el yeso en mi pie? Mmmm, bueno, tal vez podría cubrir el yeso con una bolsa, eso podría funcionar.

Vuelvo a asentir con la cabeza y tomo las muletas cuidadosamente para acercarme a tomar una bolsa. Me siento en el borde de la bañera y coloco cautelosamente la bolsa sobre el yeso, obervando atentamente que no quede ningún espacio por donde pueda entrar el agua. Y cuando todo por fin está listo tomo un momento para inspirar hondo y segundos después entro con precaución a la bañera. Y comienzo a ducharme.

Lavo mi cabello cuidadosamente, aseo mi cuerpo sin utilizar mi brazo lastimado y dejo que el agua se lleve todo el jabón. Todo parece ir de maravilla. Pero en cuanto me acerco al grifo de la ducha para terminar el baño y cerrar la llave, el pie con el que me estoy sosteniendo resbalada y todo mi cuerpo cae fuertemente sobre la bañera

Suelto un pequeño grito de sorpresa y dolor, y siento cómo mi brazo empieza a palpitar de dolor inevitablemente. El agua de la regadera sigue saliendo y no me puedo levantar. El terror me inunda rápidamente y una gran desesperación por levantarme me ataca cuanto antes, sin embargo el agua sigue cayendo, lo cual sólo hace que todo sea mucho más difícil. 

Las lágrimas no tardan en acumularse en mis ojos por el dolor, aunque por suerte logro estirarme lo suficiente para alcanzar a tomar la toalla que dejé sobre la tapa del baño e inmediatamente me apresuro a cubrir mi cuerpo con ésta.

Mierda, tengo que llamar a alguien de inmediato... ¿Pero a quién? Mikey y los señores Way no deben estar en casa a estas horas, y no sé si Gerard también haya salido.

Las lágrimas se mezclan con el chorro de agua de la regadera y trato con dificultad de levantarme yo sola... Pero no puedo, y al contrario, sólo me lastimo mucho más el brazo. Suelto un gruñido de frustración y mi pecho sube y baja con rapidez sintiendo cómo la ansiedad me ataca inmediatamente. Dios, me siento como en una película de terror.

Mi brazo duele, y no me queda más alternativa que gritar y pedir ayuda.

—¡Gerard! —exclamo desde el baño y con la puerta cerrada, rezando para que alguien me escuche.

Vuelvo a gritar con fuerza, lo más alto que puedo, y mi voz apenas se alcanza a escuchar por la lluvia artificial de la regadera.

Comienzo a sollozar mientras intento levantarme... ¡Dios! ¿¡Por qué no me puedo levantar yo sola!? Pero de pronto escucho que alguien entra a mi habitación y mi respiración se detiene inmediatinamente.

—¡Gerard! —vuelvo a gritar para llamar la atención de la persona que ha entrado en mi habitación.

—¿Hayley? —pregunta la persona afuera y mi corazón palpita con mucha más fuerza. 

—¡Estoy aquí en el baño! —le grito fuerte para que me logre escuchar, y presiono con fuerza la toalla que cubre mi cuerpo.

La puerta del baño se abre y Gerard aparece detrás de ésta llevando su típica chaqueta de cuero negro y sus botas militares, pero lo que más resalta en él es la gran expresión de sorpresa y preocupación que hay en su rostro.

—¿Qué demonios pasó?... Dios Hayley —murmura serio mientras se acerca rápidamente a mí.

Cierra la llave de la regadera y se gira hacia mí para rodear con sus brazos mi cintura y cargarme como si fuera una niña pequeña. Mi brazo sigue doliendo, mis lágrimas no se detienen y tengo todo el cuerpo mojado, pero aún así Gerard me sostiene muy cerca de él con firmeza sin importarle que esté arruinando su linda chaqueta de cuero negro. Y sale del cuarto de baño cuanto antes para sentarme sobre la cama de mi habitación.

Bajo la mirada apenada y comienzo a sollozar sin poder evitarlo, principalmente por el dolor de mi brazo y también porque de verdad he temido que nadie pudiera escucharme. Realmente me asusté demasiado.

Gerard se pone de cuclillas delante de mí y toma suavemente mi barbilla para hacer que lo mire a los ojos. Mi llanto no cesa, pero sí se controla un poco más al ver los deslumbrantes ojos verdes de Gerard mirándome fijamente. Y poco a poco me voy tranquilizando.

—No llores Hayley, por favor, no me gusta que lo hagas. Tranquila, ya todo ha pasado —me dice hablándome como si fuera una niña aterrada. Bueno, en realidad me siento como una.

Su mirada parece calmada, aunque su gesto de seriedad no se hace invisible ante el de preocupación. Mis ojos no se despegan de los de él y mis lágrimas poco a poco se van extinguiendo. Suelto un suspiro, pero de pronto Gerard cierra los ojos con fuerza y empuña sus manos un momento, y para cuando los vuelve a abrir en éstos ya no hay ningún brillo, ni el más mínimo, y su expresión ahora me demuestra enojo.

Se pone de pie repentinamente y me mira desde arriba.

—¡¿Por qué te has metido a bañar cuando apenas puedes caminar sola?! —exclama molesto y mi corazón se hace pequeño ante sus regaños.

Bajo la mirada y sostengo con fuerza la toalla que cubre mi cuerpo. El brazo lastimado me sigue doliendo, pero sus gritos son los únicos a los que les puedo prestar atención. Muerdo mi labio y vagamente logro darme cuenta algo distraída que estoy mojado mi cama, así que inconcientemente me levanto de inmediato sin poder evitarlo. Pero grave error, porque cuando lo hago mi pie lastimado no hace su trabajo y estoy por caer cuando Gerard nuevamente me atrapa.

Tengo los ojos cerrados y siento sus fuertes manos tomándome firmemente de la cintura, y para cuando abro los ojos mi corazón comienza a palpitar rápidamente por su cercanía. Sus ojos me miran atentamente intentando descifrar algo de lo que no sé. Sus cejas se fruncen levemente y su boca es una sola línea tensa. Su mirada es todo un poema, un hermoso e incomprensible poema, y sus ojos me derriten completamente por dentro.

Muerdo mi labio sin poder evitarlo y su mirada se torna turbia, completamente oscura, tanto que hace que en mi estómago se cree un nudo. Pero por dentro niego rápidamente con la cabeza negándome absolutamente a estos sentimientos, y por suerte cuando me alejo de él no vuelvo a caer.

Mis mejillas se tornan completamente rojas y Gerard se aclara la garganta regresando de nuevo a la realidad, como yo.

—Deberías vestirte, te traeré las pastillas que recetó la doctora. Y por favor ya no hagas más tonterías, mi madre y mi hermano tendrán suficientes cosas de que reclamarme con lo que ha pasado —comenta con sequedad en su voz y sin mirarme, volviendo otra vez a una postura de enojo.

Su frialdad me lastima un poco, pero mis pensamientos me distraen un momento... ¿La señora Way y Mikey habrán peleado con él esta mañana por lo de ayer? Realmente espero que no sea así, lo único que hizo Gerard fue preocuparse por mí en todo el día.

Asiento después de unos minutos también sin mirarlo y él desaparece rápidamente de mi habitación. Yo vuelvo a sentarme sobre la cama y suspiro ruidosamente sin poder evitarlo.





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