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História Obsesionado con tus curvas - Capítulo 1


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Capítulo 1 - Capítulo 1



Dicen que estudiar te lleva al éxito; quisiera saber cuándo llegará ese éxito del que tanto hablan. Mi nombre es Jasmin, y tengo 20 años. Recientemente me mudé de Puerto Rico a Riverview, junto a mi madre y Erick; un amigo de la infancia. Estudié administración de oficina por dos años. El tiempo ha pasado muy rápido luego de mi graduación. He buscado empleo en muchas empresas y oficinas médicas, pero no he tenido suerte de pasar las entrevistas. Es como una maldición que ha recaído sobre mi. Soy latina y mi inglés no es tan fluido, pero puedo defenderme ante cualquier situación que me encuentre.

Hoy me presenté a la sexta entrevista de esta semana y fue otro fracaso más. Se ha vuelto algo normal que me rechacen a la primera; es comprensible, no soy muy agraciada que digamos.

—Es la sexta entrevista en la que fracaso. ¿Qué se supone que haga ahora? — le pregunté desganada a Erick.

—No te desanimes— me dio un fuerte abrazo—. Lo más probable no pueden competir con tu inteligencia, Jas.

—Mi inteligencia no sirve de nada, mientras sea así de fea.

—No eres fea—me apretó la nariz y chillé—. Si no pueden apreciar tu belleza e inteligencia, mejor que no te hagan perder el tiempo.

—Odio tener que darte la razón, Erick.

—¿Quién es el chico perfecto?

—Tú.

Erick es mi amigo de la infancia, y una de las razones por la cual me mudé a este país. Nos conocemos desde que tengo uso de razón; nos criamos juntos y parecemos más hermanos que cualquier otra cosa. Siempre hemos sido sumamente unidos, ha sido mi apoyo incondicional, y sobre todo, mi consejero.

—Me iré a casa, no puedo desatender a mi madre o se molesta, ya la conoces.

—¿Por qué no te quedas en mi casa hoy? Podemos jugar y así te olvidas de lo que sucedió.

—Entendido, patrón—me burlé antes de entrar a mi casa.

Su casa queda al frente de la mía, es por eso que en muchas ocasiones me quedo a dormir allá. Él esta viviendo solo. Desde que su padre murió, él decidió vivir aparte de toda su familia.

—Dime que te dieron el trabajo, gordis — preguntó mi madre sujetándome la mano tan pronto entré a la casa.

—En realidad no, mamá — bajé la cabeza, y ella me soltó la mano.

—Deberías bajar algo de peso a ver si puedes llamar la atención de esas personas. Estar a cargo de una renta tan alta y sola, no es para nada fácil. Esfuérzate un poco más — sonrió dándome ánimos.

—Lo haré, mamá.

—¿Y Erick?

—Se fue a su casa. Por cierto, esta noche me quedaré allá.

—Bien, de igual manera tengo que trabajar esta noche.

Mi teléfono sonó y era un número extraño, no quise perder mucho el tiempo y respondí de inmediato.

—¿Bueno?— respondí.

—Buenas tardes, ¿Srta. Díaz?

—Sí, ¿Con quién tengo el gusto?

—Mi nombre es Kyle, le hablo desde la empresa Collman Enterprise. He visto su currículum y nos gustaría entrevistarla mañana a las 9 AM. ¿Será posible contar con su asistencia?

—Por supuesto.

—La esperamos mañana a las 9 AM.

—Gracias — colgué la llamada.

Me sentía feliz, pero preocupada a la vez. Toda esta semana ha sido de mala suerte. ¿Y si esto es otro posible fracaso? La inseguridad me arropó por completo.

—¿Alguna buena noticia?

—Tengo una entrevista mañana en la empresa de los Collman.

—Deberás cambiarte el peinado mañana. Debes ir bien presentable, esperemos que esta vez si te den el trabajo.

—Espero lo mismo, mamá. Iré a contarle a Erick.

Busqué la ropa que me pondría para dormir allá y llevé lo necesario, luego me encaminé a su casa y toqué la puerta, pero se abrió sola. Estaba junta, y es extraño, porque nunca la deja así.

—¿Erick? — le llamé antes de entrar —. Dejaste la puerta abierta.

—Lo siento— salió al medio del pasillo sin camisa, y se podía apreciar sus abdominales bien definidos.

—¿Por qué no tienes camisa? — tartamudeé dándome la vuelta.

—Me estaba bañando, lo siento.

—No debí entrar.

—No es para tanto. ¿Acaso soy el primero que ves así? —rio descaradamente.

—¡No es gracioso!

—Puedes dar una última ojeada si quieres —rio más fuerte, y creí que iba a morir de la vergüenza. Aunque sea mi amigo, es la primera vez que veo a alguien así.

—No, gracias— mi rostro iba a estallar, y no era precisamente por la gordura.

Cuando se vistió pude girarme de vuelta.

—¿Por qué te tapas tanto? ¿Has olvidado que solíamos bañarnos juntos antes?

—Eso fue hace mucho, y éramos unos bebés, vestíamos pañales todavía — respondí nerviosa, y él no dejó de reír.

—Oh, eso es cierto.

—Me llamaron a una entrevista mañana.

—Eso es una buena noticia. Deja de preocuparte, todo saldrá bien. Yo voy a ti, hermosa — él siempre dándome ánimos.

Jugamos videojuegos casi por toda la noche. Le di las buenas noches, para tirarme de espalda a la cama. Solo hay un cuarto, pero ya era normal dormir en la misma cama, desde pequeños siempre fue así.

A la mañana siguiente fue la voz de Erick la que me levantó.

—¿Qué esperas para levantarte? — del susto quedé sentada en el borde de la cama.

—¿Qué hora es?

—Estás a tiempo, yo te llevaré.

—Iré a mi casa y te busco cuando esté lista.

—Está bien.

Me fui de volada a mi casa y me bañé, luego me vestí lo mas presentable posible y dejé mi cabello largo suelto, ya que normalmente lo llevo amarrado. Busqué mis documentos y me fui a buscar a Erick para que me llevara.

—Suerte— me dijo al bajar de su auto.

—Gracias — me bajé, y entré corriendo al edificio de la empresa.

—Buenos días, estoy aquí para una entrevista a las 9—le avisé a la recepcionista.

—Debe subir al tercer piso.

—Gracias.

Fui al elevador y se subieron varias personas, entre ellas un hombre bastante atractivo; parecía sacado de una misma telenovela. Unos ojos color cafés, pelo negro, tez blanca, alto y delgado; aunque su rostro lucía algo serio. Son de esas personas que es difícil apartar la mirada. Según abrió la puerta del ascensor quise salir, pero él trató de salir primero.

—Lo siento, adelante — me salí del medio para que pudiera pasar, y se me quedó viendo por unos instantes con esa expresión seria. Creí que me iba a derretir con esa mirada.

—Tenemos que irnos, Joven William —dijo uno de los hombres que lo acompañaba.

—Sí— dejó de mirarme y salió del ascensor.

Casi se cierra la puerta de nuevo y avancé a salir. Él siguió caminando y yo me detuve con la recepcionista para preguntar dónde sería la entrevista. Luego me dirigí al lugar donde me dijeron que sería y había varias mujeres más esperando. Me senté en una esquina y me quedé esperando a que me llamaran. Cuando fue mi turno, me levanté tratando de no mostrar mis nervios y seguí a la secretaria que me dirigió. Me llevaron a una oficina y me encontré con el mismo hombre serio del ascensor. Creo que ya perdí la oportunidad que tanto estaba esperando.

—Puede tomar asiento —me dijo la secretaría antes de salir.

Estaba sumamente nerviosa al tener esa mirada seria encima de mi. Esto era verdaderamente incómodo.

—Buenos días, Srta. Díaz. Mi nombre es William Cole, ya he decidido quien será mi nueva asistente— comentó mirándome fijamente.

—Entiendo— ya sabía que esto pasaría.

—¿Puede levantarse?

—Sí—me levanté dispuesta a ir a la puerta.

—¿A dónde va? — se levantó de la silla y caminó hacia mi—. ¿Qué tamaño es?

—¿Qué tipo de pregunta es esa, señor? — quedé desconcertada ante su pregunta.

—Lo siento, no lo preguntaba por nada malo. No quería incomodarla, Srta. Díaz.

—¿Para qué quiere saberlo?

—¿Puede darse una vuelta?

—Si va a burlarse de mi, prefiero irme.

—Despacha las que faltan, Kyle— le ordenó al hombre que estaba con él.

—Sí, Joven William— salió de la oficina y nos dejó a solas.

—Srta. Díaz, quiero que trabaje para mi.

—No pensé que tendría el trabajo — respondí sorprendida.

—Sí, el puesto es indicado para usted. Quiero que sea mi asistente.

—Pero ¿Y la entrevista?

—Acaba de tenerla.

—Pero...— no pude terminar de decirlo, cuando me interrumpió:

—La quiero como mi asistente. Mañana mismo quiero que comience a trabajar.

—¿No está jugando conmigo? —no podía creerlo, ya que luego de todos esos fracasos que tuve durante la semana, pensé que estaría solo molestándome, o quizá burlándose de mi.

—No, no estoy jugando con usted. Le mandaré a preparar un uniforme ajustado a su medida. ¿Le parece? — no dejó de mirarme ni un solo instante.

—Sí, me parece bien, Sr. Cole.

—No, puede llamarme Sr. William.

—Está bien, Sr. William — sonreí nerviosa, porque no sabía qué decir. Era incómodo llamarlo por su nombre en el primer día de conocerlo.

—Se escucha mucho mejor. Le explicaré los detalles del contrato y sus beneficios— me explicó todo con lujo de detalles. Es una persona muy inteligente, pudo mencionar todas las cláusulas del contrato, sin necesidad de leerlo del documento—. Sería un gusto que esté de acuerdo con todo lo antes mencionado.

No pensé que le pagarían tanto a una simple asistente. Es algo favorable para mí. Si me desempeño bien en el puesto, podré ayudar a mi madre.

—Estoy de acuerdo con todo lo que me explicó, pero ¿No se supone que tenga unos meses de prueba?

—Conmigo no lo necesita, el trabajo es simple y estoy seguro que podrá desempeñarse bien.

—Muchas gracias, Sr. William.

—Mañana mismo le haré entrega del contrato y tendrá su uniforme. ¿Puedo tener sus medidas?

—Es que no sé — respondí nerviosa.

—Yo puedo ayudarle— buscó en su escritorio una cinta y se acercó a mi.

—Espere, esto no es...

—Mi madre me enseñó a tomar medidas, así que no tiene que preocuparse — fue llevando la cinta a varias partes de mi cuerpo, y estaba sumamente nerviosa. Era la primera vez que tengo un hombre tan cerca, aparte de Erick.

Mi cuerpo estaba temblando, y él se veía bien concentrado en lo que hacía.

—Es muy hermosa, Srta. Díaz—soltó al terminar de medirme. Es la primera vez que me dicen algo así, y de alguna manera, se sintió bien.

—Gracias— tragué saliva, y sonrió.

—La espero mañana a las 6 AM, Srta. Díaz. Será un placer trabajar con usted—nos dimos un apretón de manos.

—Lo mismo digo, Sr. William. Gracias por la oportunidad. Prometo no fallarle. Permiso— salí de la oficina sumamente feliz, al fin pude conseguir un trabajo.

Salí hacia el auto de Erick, y me subí.

—Dime que te dieron el trabajo, por favor— me pidió cruzando los dedos.

—¡Sí!— lo abracé de la emoción.

—Te dije que podías hacerlo. Tenemos que ir a celebrar ahora.

—¡Vamos!

William

Kyle entró a la oficina y me quedé viendo la foto en el currículum. 

—Es como un ángel caído del cielo— le comenté a Kyle.

—Debería considerar esa decisión, Joven William. Su padre no creo que la acepte.

—No me importa lo que diga mi padre, Kyle. La asistente es para mi, no para él. Tendrá que aguantarse, porque a esa hermosura la quiero de asistente ya. Averigua todo lo que puedas de ella, quiero saberlo todo.

—Como ordene, Joven William.



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