História One shot ... Qué pasaría si... LCDP - Capítulo 12


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Categorias La Casa de Papel
Personagens Professor, Raquel Murillo
Tags El Profesor, Itziar, La Casa De Papel, Raquel, Raquel Murillo, Sérgio, Serquel
Visualizações 116
Palavras 1.606
Terminada Não
NÃO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 ANOS
Gêneros: Ficção, Policial, Romance e Novela
Avisos: Heterossexualidade, Linguagem Imprópria, Sexo, Spoilers
Aviso legal
Alguns dos personagens encontrados nesta história e/ou universo não me pertencem, mas são de propriedade intelectual de seus respectivos autores. Os eventuais personagens originais desta história são de minha propriedade intelectual. História sem fins lucrativos criada de fã e para fã sem comprometer a obra original.

Notas do Autor


Hola!!! Gracias por seguir nuestra historia.
Queríamos hacer una aclaración y es el nombre de la hermana de Raquel, para cuando escribimos no lo recordábamos con exactitud y por eso la bautizamos Laura jajaja

Capítulo 12 - One shot - Contra las cuerdas (4)


Fanfic / Fanfiction One shot ... Qué pasaría si... LCDP - Capítulo 12 - One shot - Contra las cuerdas (4)

[CAPITULO 4] Un plan perfecto: Parte II

—No sabía quién era él. Lo conocí el día del atraco, mi teléfono se descargó y él simplemente apareció –suspiré recordando como con ese gesto flanqueó mis reservas- incluso al otro día le revisé, creyendo que era un periodista, ¡joder, Prieto! No me habría prestado para esto, ¿el mismo perturbado que filtró mi decisión de liberar a Parker en lugar de ocho rehenes españoles, mi novio? Hay que ser muy gilipollas para aguantar eso, ¿no?

Mi respuesta pareció satisfacerlo.

—Ángel dudaba de él así que lo investigó, pero no se crea que por buen poli, ¡no!- Prieto sonrió- menuda, amiga resultó usted, el tipo está jodido en el hospital y me viene a hablar gilipolleces- esa vez dejó escapar una risa- no se trata de eso, Prieto, la aclaración la hago para que vea la verdad de las cosas, Ángel investigó a Salvador porque le dije que me iría a la cama con él, así que se llenó de celos y quiso encontrarle los defectos del mundo- suspiré- y se los encontró – agregó Prieto sin que pudiese negarme.

Me levanté para servir otro vaso de agua y regresé a la silla.

—Sí, él lo siguió y fue hasta el hangar. Él sabía la ubicación de Salvador, mejor dicho de Sergio.

Prieto se pasó las manos por la cabeza y silenció el móvil que no paraba de sonar, tanto él como yo sabíamos quién le estaba llamando, teníamos que entregar resultados y aunque no habíamos tenido ninguna baja, no podríamos meter tras las rejas a ningún responsable y eso tenía a Prieto y al resto de la policía hinchado de los huevos.

—¿Cómo lo descubrió? –me preguntó después de un largo rato, como si sopesase la verdad en mis palabras.

—Por la peluca naranja, me di cuenta que tenía en su ropa las fibras que correspondían a la peluca del payaso de la trampa.

Apagó el celular y me pidió el mío para hacer lo mismo.

—¿Por qué no lo entregó de inmediato? –le miré con honestidad.

Confesé lo que había hecho, todas y cada una de mis acciones, la casa de Toledo, el polígrafo, el paseíto por el campo, y mi búsqueda personal para encontrarlo, todo bajo el mismo bando, el de los buenos, el mismo de él y sin que pudiese apostar mucho por eso, me creyó. Prieto se tragó cada una de mis palabras sin poner en tela de juicio ninguna.

—¿Y hoy? –apuntó volviendo a encender el móvil.

Me tomé un par de segundos antes de responder, tenía cada palabra en mi cabeza y el orden perfecto para que me dejara en paz, después de todo ya no tenía la denuncia y lo que mi exmarido dijera iba a ser descreído por Prieto y Ángel, incluso por Suárez que muy gallito y todo, pero seguía creyendo en mí.

—Cuando llegué al lugar estaba vacío, no lo encontré, esperé por un cuarto de hora pero no llegó, tenía sobre el escritorio un billete de cincuenta y un puto pájaro de origami verde como la ira que sentí al verme una vez más engañada.

Prieto se levantó de la silla y llamó por su celular al capitán del escuadrón que fue al hangar, lo vi asentir y sonreírme, como si de pronto fuésemos los mejores amigos y se me ocurriera nombrarle de padrino para la comunión de Paula.

—Eso quiere decir que Sergio Marquina huyo mucho antes de que usted llegara porque así mismo encontraron el lugar mis hombres o, que usted es muy hábil y preparó todo esto –soltó de repente congelando su sonrisa en un gesto gélido que intentó intimidarme, pero sin ningún éxito.

—De ser así, no me habría dejado coger, Prieto, creo que si hubiese estado coludida con Marquina como todos pensáis, habría acomodado todo para ser la heroína del caso, la puta ama de todo este atraco y no una paria.

Un punto más a mi favor, Prieto escribió el informé y lo firmó con una estilográfica que debía haberle costado sus buenos duros, un montón de dinero que él a diferencia de los atracadores obtenía como inyección de liquidez mes a mes, el jefe de los buenos en un mundo muy podrido donde ser esa clase de buenos daba algo de asco.

—Una última cosa –lanzó deteniendo mis pasos- ¿se enamoró? –le miré con la certeza pintada en los ojos y por primera vez en todas las ciento veintiocho horas del atraco, le vi abatido, como un padre ante la noticia que su cría más pequeña está embarazada y no ha terminado el instituto y el padre del crío es un perdedor que ya ni aparece en la lista de estudiantes.

—Vaya, lo siento mucho –me dijo y le creí, se veía tan sincero que me apenó no poder conservarlo como un amigo- no se fije, tengo muy mala suerte para elegir de quien me enamoro.

Salí de la carpa como si acabasen de condecorarme, nadie me miraba con ojos de acusación y aunque sabía que en mi declaración había un par de mentiras, llevaba conmigo la culpa de haberme enamorado del equivocado y eso me excusaba, tendría que aguantar por un par de meses que me sintieran lástima y hasta que se burlaran un poco, pero eso comparado con la libertad y un plan perfecto, no tenía precio.

Al llegar a la casa, mi madre me esperaba con Paula hecha un mar de lágrimas, tan pronto como me vieron entrar por la puerta las dos se abalanzaron sobre mí; mi hija lloraba sin calma alguna y mi madre no escondía el dolor y el cansancio que le pesaba no solo en la espalda sino en la vida completa.

—¿Qué ha pasado? –Paula se refregó los ojos, me miró como quien no puede creer lo que tiene en frente y volvió a llorar.

—Ha venido papá y me ha dicho que me va a alejar de ti, estaba como loco mamá –tan pronto como escuché a Paula sentí terror por la vida de mi pequeña, me agaché a su altura y la abracé muy fuerte- ¿te hizo algo, cariño? ¿Te lastimó? –la niña asintió y me mostró el brazo derecho con un moretón salvaje que me juré cobrar con creces a ese malnacido.

—Eso no es todo, hija –mi madre se sentó en la escalera y me tomó de las manos- estaba tan furioso que Laura ha pagado las consecuencias- me imaginé lo peor y me odié por haberme apartado de mi hermana- ¿qué le pasó?

Entre sollozos mi madre me aclaró que estaba ingresada en los cuidados intensivos del hospital central, la bestia de mi exmarido le había caído a golpes a Laura y la había dejado inconsciente, por suerte Laura había programado una asesoría en su casa y su alumna al ver que no abría, llamó al conserje y descubrieron el cuerpo casi sin vida.

—¡Hijo de las mil p…! –me comí la palabrota por la presencia de Paula, pero en mi mente deseé que el cabronazo ese estuviese muerto o de lo contrario iba yo a matarlo con mis propias manos.

—¿Dónde está Alberto? –quise saber controlando los deseos de salir corriendo y acabar con ese desgraciado- desaparecido- musitó mi madre al tiempo que acariciaba las mejillas rosas de Paula.

Sin dejar de llorar, Paula se volvió a aferrar mí, suplicando que no la dejara y también disculpándose por no haberme creído cuando le dije que su padre era violento.

—¿Se va a morir la tía Laura? –preguntó con su inocencia marcada y una tristeza que no pude evitar que me invadiera- no, cariño, la tía Laura es muy fuerte y va a salir de esta, como todas las mujeres de esta familia, ¿a qué si? –le hice cosquillas para quitar el hierro de la conversación y aunque se rió, el corazón de mi niña estaba partido.

Levanté a Paula en mis brazos como si todavía fuese una pequeña para arrullar y le pedí a mi madre que me acompañase a la habitación, las tres necesitábamos descansar y yo con urgencia darme un baño para ir al hospital, necesitaba saber del estado de mi hermana.

—¿Cómo supieron que Alberto fue el responsable de los golpes de Laura? –quise saber dejando a Paula sobre mi cama- mi madre suspiró contrariada- está en todas las noticias.

No encendí la televisión por mi hija, pero aquella respuesta me pareció sacada de una película de espías, y aunque a esas alturas nada podía sorprenderme, no pude entender como la intimidad de mi hermana estaba en los noticiarios de toda España. Cavilando en una posible explicación mi móvil empezó a repiquetear, observé la pantalla y el nombre del Coronel Prieto saltó a la vida.

—¿Y ahora qué? –fue mi saludo, al tiempo que una risa desesperada de Prieto inundó el auricular- tiene que cuidarse, Raquel –su tono se volvió preocupado- Alberto es prófugo de la justicia y puede ir a por usted- bufé molesta- tengo que salir a ver a mi hermana- tendrá una patrulla a su disposición.

Iba a colgar, pero quería saber por qué Prieto se preocupaba tanto por mí.

—¿A qué viene todo esto, Coronel? –escuché la respiración del jefe de inteligencia- a que usted es muy valiosa, y… no haberle creído en su momento la denuncia contra su ex marido nos puede llevar a un problema muy grave- resoplé irónica- entonces está cuidando su pellejo- lo escuché reír- véalo como quiera, Inspectora, pero cuídese- colgó.

Observé a mi madre y temí por ella, por Paula y por mí misma. No quería dejarlas solas, así es que a la espera del coche patrulla, me di un baño rápido y tan pronto como llegó el aviso, salimos para el hospital. Era momento de enfrentar a Laura y a mi propia historia de maltrato.  


Notas Finais


Gracias siempre.


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