1. Spirit Fanfics >
  2. Presos >
  3. Querido Cielo

História Presos - Capítulo 2


Escrita por:


Notas do Autor


Ahí va el primer capítulo. Decidme lo que os parece y si encontráis errores, que el castellano no es mi lengua materna. <br />¡Espero que os guste!

Capítulo 2 - Querido Cielo


Fanfic / Fanfiction Presos - Capítulo 2 - Querido Cielo

« El repetidor de la Interpol ha percibido una llamada emitida con un móvil comprado en el mercado negro desde Florencia en Italia, inspectora. La han hackeado y puede que sea nuestro hombre. Ahora le mando la grabación. »


La llamada del agente Antoñanzas acababa de despertar a la inspectora Sierra en medio de una noche agitada. Eran las 3 de la madrugada y ya no conseguía cerrar ojo. 

"Puede que sea nuestro hombre". Era un notición, verdad? Así se cerraba el caso y ella podría volver a dormir más de 4 horas seguidas. 

Su parte inspectora, la que le callaba la boca al cabronazo de Tamayo, la que siempre la guió en su vida profesional, le dice que todo está bien y que así podrá demostrar que después de todo seguía haciendo bien su trabajo. Pero a Alicia se le partía aún más el corazón.

Le estaban viniendo tantas cosas a la cabeza que apenas se había dado cuenta de que se había quedado sentada en el suelo, que es dónde se durmió por el calor tremendo que inundaba Madrid en verano, mirando a la ventana sin verla de verdad.

Hacía mucho tiempo que no veía algo.


Cada madrugada Alicia se despertaba demasiado temprano por lo tarde que se acostaba, caminaba sin pensar hasta su cocina, sin ver las escaleras y tampoco el corredor. Se preparaba un café, lo bebía de pie sin darse cuenta de que le dolía la espalda. Luego se iba rumbo al baño, se quitaba la ropa interior con la que dormía y se duchaba con agua fría. No quería tener tiempo suficiente como para quedarse en la redondez de su barriga. Se secaba rápido, se vestía con la primera prenda que alcanzaba, se maquillaba porque no podía salir sin ello y salía casi corriendo del único lugar de la casa en el que se encontraba frente a un espejo. Conducía hasta la comisaría sin fijarse en la ruta, casi automáticamente. Y llegaba allí a las 6, 2 horas antes del resto. Se sentaba en las escaleras, la mirada vacía, con un cigarillo en la mano hasta que lleguen sus compañeros y ahí, en ese preciso momento, se despertaba la inspectora Sierra. 

Con ella se sentía más cómoda, más mujer, más fuerte, dejaba que su mirada se clavase en la de los demás, les daba órdenes y sólo le importaba su trabajo. Las únicas horas en las que podía permitirse olvidarse, olvidar que estaba embarazada de 5 meses, olvidar que su marido había muerto, olvidar que conocía muy bien al hombre que estaba buscando, olvidar que el resto del día ya se olvidaba. 


Pero en su cuarto, sentada, con la piel de los muslos casi pegada al suelo por culpa del sudor, se autorizó a mirar más allá de la ventana y ver el cielo. Hacía tanto tiempo que no se había fijado en él... 

Sus líneas azules que traspasaban el negro de las 3 de la madrugada, la luna casi llena con su halo de luz blanca que iluminaba los grandes edificios de un Madrid silencioso, muerto. Siempre le había gustado el cielo.

Recordó cuando lo admiraba con su madre siendo pequeñita, las dos se iban a la playa a las 21, se acostaban al lado la una de la otra y admiraban el sol dormirse en el mar valenciano con un cielo medio rosa, medio dorado; sin hablar. 

Cuando se murió ella, Alicia se pasó la adolescencia buscando otra persona que sepa verlo con tanto respeto y calma.

Nunca la encontró. 

La gente está acostumbrada a vivir rápido, a no fijarse en la belleza de algo que podían ver cada día, a decir "Mañana lo hago" y al final no hacerlo, a hablar, gritar, discutir, reír todo el tiempo... No les queda ni un ratito para hacer esto. Pero ella nunca fue así. Desde siempre le ha parecido que era muy chiquita por lo gigante que era el mundo, siempre se ha sentido de más en un grupo de amigos o de compañeros y por eso se cerró, no dejó a casi nadie entrar en su mundo después de que se morirá su madre. 

Hasta que llegue él.

Andrés de Fonollosa. 


5 de agosto, 1996


Con Raquel, una antigua amiga de Alicia, habían decidido irse de viaje a Italia antes de retomar el año. Ese preciso día estaban en Florencia y les había fascinado el paisaje.

Era su última noche allí y a las 9 Alicia decidió irse a pasear. 

Se había puesto un vestido largo de flores y sandalias que le llegaban hasta las rodillas. Raquel ya había salido hace tiempo a alguna discoteca del pueblo, se lo propuso a Alicia ya que siempre era la que quería ir a perrear pero esta noche a ella le apetecía estar sola. O eso creía. 


Sentía la ligera brisa de la ya casi noche acariciar su nuca desnuda (con Raquel se habían cortado el cabello hasta las orejas dos días antes y no se les había quedado tan bien cómo lo esperaban) y levantar su vestido. Le gustaba esa sensación, le proporcionaba libertad. Caminó tranquilamente hacia el río y se acostó ahí, cara a cara con el cielo que empezaba a oscurecer.

Observaba cada cambio de color con total admiración, del azul claro al rosa y del rosa al dorado para terminar en un violeta profundo. Suspiró. Cuanta paz. Ya no le importaba lo que le rodeaba hasta que oiga un ruido de pasos. 

"Si son los niñatos del viernes les cago a hostias" murmuró cabreada.

Cuando Raquel y ella llegaron al pueblo, unos adolescentes de 14-15 años las molestaron y intentaron "seducirlas". Bueno, como ligaban unos niños inmaduros a esa edad... 

Se levantó, planchó su vestido con las manos antes de darse la vuelto y llevar sus manos a sus caderas lista para bardearlos en inglés pero se encontró cara a cara con un joven de unos veinte años. Era bastante alto, tenía el pelo moreno claro y los ojos casi negros con una sonrisa sarcástica. Era elegante. Parecía español.

"Oye señorita, cálmese!" dijo con un aire falsamente ofuscado, "Vengo en paz" y levantó una toalla blanca en signo de rendición. 

Alicia se sintió tonta por su postura y además seguro que llevaba una cara de mala hostia. La verdad es que él no lo estaba arreglando con este tono sarcástico. 

"Y tú quién eres ?" preguntó todavía con las manos apoyadas en las caderas. 

"Yo ? Soy su príncipe azul, bella dama. Andrés de Fonollosa para servirla. Y usted ?" Le hizo una reverencia y hizo el ademán de besarle la mano.

Vaya, un payaso que se creía gracioso... No es que fuera la primera vez. Pero sí era la primera vez que Alicia quería seguirle el juego.

"Y qué hace un príncipe azul español en Florencia ?" le respondió rodando los ojos.

"Le contestaré a esa buenísima pregunta si la señorita me deja sentarse a su lado. Hasta le he aportado una toalla para que no se ensucie el hermoso vestido que lleva puesto" desplegó la toalla y la dejó caer al suelo. 

El joven le guiñó un ojo y le indicó con la cabeza que se sentase.

"No pienso sentarme a tu lado" dijo ella.

Él llevó su mano hasta su pecho y abrió la boca en una pequeña O:

"Y eso por qué, si me permite ?"

"Déjame pensar..." puso dos dedos en su barbilla y levantó los ojos como si de verdad estaba pensando, "Me pareces un tío rarísimo de cojones"

"Cada palabra que sale de su boca me ofende más. Acaso usted no tiene corazón ?"

"No podrías estar acertando más!" le respondió ella, irónicamente. 

Estaban llevando un juego que, a decir verdad, le estaba gustando mucho. Hasta la excitaba un poco. Raro porque a ella esos tíos que se creían muy seductores diciendo tonterías no le agradaban nada. Él sí. Le recordaba a ella. 

"Así que... Le rompieron el corazón a una mujer tan bonita cómo tú ?"

"Yo rompo corazones, no me rompen el mío, querido" le respondió seco, sentándose al lado de la toalla con una mirada fiera. 

"Ouch... Debería prepararme ?" le preguntó. Se sentó a su lado, dejando la toalla vacía.

"Para qué tenías una toalla si te sientas ahí ?"

"Venía a bañarme."

"No tienes pinta de bañarte en un río."

"Usted tampoco."

Lo miró de arriba a abajo, levantando una ceja:

"Yo no dije que me quería bañar."

"Lleva bañador." Le respondió sonriendo.

"Debo gustarte para que me observes tanto." 

El joven la miró con cara de circunstancias. No se esperaba a que vaya tan lejos en su juego. Hasta él no se hubiera atrevido a hacerlo. Alicia lo sabía.

"Entonces para qué ha venido ?"

Ella quería responderle algo fuera de lugar. Cómo que tenía una cita, o para tocarse o que iba a hacer naturismo. Pero las palabras salieron solas. 

"Me gusta mirar el cielo. Lo hago  desde pequeñita. Me obsesiona. Y aquí me pareció ser el lugar más adecuado..."

Se giró hacia ella, sorprendido:

"Si es así debería hacerme caso y meterse en el agua."

"Con un desconocido ?"

"No soy ningún desconocido! Ya se sabe mi nombre y mi apellido."

Alicia se rió:

"Te das cuenta de que eso no te hace menos desconocido, eh ?"

"Entonces por qué me tutea ?" 

Jaque mate. 


Alicia no le respondió y se levantó de golpe, extendió los brazos y se quitó el vestido. Ya estaba descalza, no necesitó quitarse las sandalias. Giró la cabeza hacia él y le dio tiempo verle observar sus piernas largas y su culo. No le gustaba que una persona la mirase así, no le gustaba su cuerpo pero ya no podía esconderse. Le había seguido el juego, ya era tarde. Así que le sonrió y se tiró al agua. Era muy fría y no le gustaba nada bañarse. No sabía por qué lo había hecho. Sacó la cabeza. 

El jovencito se rió:

"Así sí que se nota que su pelo está hecho mierda !" 

Le dio risa que hasta diciendo esto la seguía llamando de usted.

Alicia le sacó la lengua: 

"Bueno, te vienes ? Que me tienes que mostrar por qué te bañas aquí."

Él no se quitó ninguna prenda y caminó hasta llegar frente a ella sin mojarse nada más que los pantalones. 

"No te vas a bañar ?" le preguntó ella con una mirada desafiante.

"Sólo vengo a mostrarle algo. Túmbese." 

De repente su voz le parecía más ronca, más tranquila: más sensual. Le hizo caso y se tumbó en el agua. Él le llevó la mano a su espalda para que no caiga demasiado.

"Abra los ojos."

Intentó decirle que como coño iba a abrir los ojos si estaba en el agua pero su boca también estaba dentro y ya casi no tenía aire. Abrió los ojos. Al principio le picoteaba un poco la sensación y lo veía todo borroso, pero luego pudo observar que el cielo ya era casi negro y que la luna era llena. Tenía razón. Era mil veces más espectacular verlo a través del agua. 

Giró un poco los ojos hacia él y se encontró con su sonrisa. Quería quedarse aquí mirando el cielo, observando cada uno de sus detalles amplificados por el agua y perderse en él. Pero ya le faltaba aire y tuvo que salir.

"Qué te parece ?"

"Acaso ya dije que me podías dejar de llamar de usted ?"

Él rió y repitió:

"Qué le parece, señorita ?"

"Me parece... sin palabras. Y lo haces frecuentemente ?"

"Cada noche de cada verano desde mis 6 años, aquí mismo."

Le parecía increíble que a un hombre que apenas había conocido hace unos minutos le gustase tanto el cielo como a ella. 

Él siguió:

"Lo hacía con el que llamó mi padre hasta que se murió y nos dejó solos. Ahora lo hago yo solito. Pero es un secreto..."

Llevó su dedo hasta su boca como si la quisiera callar de verdad y ella se sintió estremecer.

"Y te apetecería hacerlo conmigo ?"

No le contestó y se tumbó en el agua, ella lo siguió. Estaban el uno al lado del otro, el agua les rozaba la piel y durante un instante, su alma la llevó a su playa valenciana con 7 años y su madre al lado. No oía ningún ruido. 

Este hombre sabía admirar el cielo. Sabía callarse y dejar de soltar tonterías. No lo hubiera pensado a primera vista. Quería girar la cabeza para verle pero estaba hipnotizada por el cielo tal y cómo él lo era. 


Se quedaron aquí un rato, sólo salían para respirar y se tumbaban de nuevo. Ni siquiera se miraban o hablaban. Había encontrado su persona.

Al final salieron del agua y eso les hizo salir de este transe. Ahí se dio cuenta de lo cojonuda que era esta situación y se echó a reír. Él se rió con ella, adivinando lo que pensaba.  Empezaron a caminar hasta llegar al pueblo:

"Yo vivo al exterior del pueblo, quieres que te acompañe ?" le preguntó.

"No! No te preocupes. Puedo volver sola. Además, tengo que hacerme la maleta."

"Te vas ?"

"Sí, mañana por la mañana. Ya se terminan las vacaciones." le dijo sonriendo.

"Bueno, pues encantado de haberte conocido y de haber compartido ese momento tan raro contigo!"

"Yo más."

Se miraron a los ojos sin hablar. No entendía lo que estaba sucediendo ahí pero era algo muy fuerte, de eso estaba segura. Alicia le sonrió y se dio la vuelta. Ya había avanzado unos metros cuando escuchó al joven gritar:

"Por cierto, pelirroja, cómo te llamas ?"

Alicia abajó la cabeza, riéndose:

"Alicia Sierra !" Le gritó ella sin darse la vuelta.

"Buenas noches, señorita Sierra!"

Y Andrés se marchó.

________________


La Alicia de ya cuarenta y pico años sintió una lágrima caer en su mejilla. Todos esos recuerdos no le daban nada bueno. Se giró hacia su móvil y vio una notificación: era Antoñanzas. Lo tomó en sus manos, lo desbloqueó y entró en la conversación 

« Nota vocal » decía Whatsapp. 

A lo mejor no era él. 

Tomó aire y abrió el mensaje.


*ruido de coches*

"Oye, hermanito! *silencio* Sí, cuanto tiempo... Me imagino que ya me echabas de menos *risa* ya, claro tú estás allí con mi cuñadita y yo aquí, solito. *silencio* Noooo, no puedo visitaros, a mí me siguen buscando vete tú a saber por qué. Vente tú! *silencio* Con un móvil del mercado negro...*silencio* no, que no! Que no está pichado! Te preocupas demasiado por mí, hermanito. *silencio* ya, ya, ya... Bueno, te tengo que dejar, querido. Que sólo puedo llamar 2 minutos. *silencio* Sí, sí y un beso a mi inspec...cuñadita."


Esa voz tan particular.

Era él.

Claro que era él.



Gostou da Fanfic? Compartilhe!

Gostou? Deixe seu Comentário!

Muitos usuários deixam de postar por falta de comentários, estimule o trabalho deles, deixando um comentário.

Para comentar e incentivar o autor, Cadastre-se ou Acesse sua Conta.


Carregando...