1. Spirit Fanfics >
  2. Somos La Resistencia: LCDP5 >
  3. 2.Dudas.

História Somos La Resistencia: LCDP5 - Capítulo 2


Escrita por: bluerose19_

Capítulo 2 - 2.Dudas.


El profesor seguía teniendo sus dudas. ¿Era correcto aceptar el trato de la responsable de la tortura física de Río y la persona que había mantenido a su mujer 3 días bajo arresto ilegal?

— Es sencillo, –dijo Alicia- yo se que tú puedes manipular cualquier teléfono o archivos, se que puedes conseguir las conversaciones que Tamayo tenga en los próximos días y se de sobra que habrá material suficiente para que, con ayuda de una confesión mía, parezca que fue él quien me obligó a hacerlo y después intentó cargarme el muerto. O con suerte incluso puedo inculparle a él.

—¿Crees que es tan fácil?

—Llevo 16 años en la policía, se perfectamente de qué pie cojean, cuando se hacen este tipo de cosas es muy fácil darle la vuelta a todo en un momento, son cosas que pocas personas han visto y de las que no se deja constancia en ninguna parte, pero solo tú me puedes ayudar, Prieto ya está en la cárcel, prisión preventiva, pero sé que antes de eso Prieto y Tamayo hablaron de incriminarme solo a mí, que fui la que hice el trabajo sucio, si consigo eso y las conversaciones que tenga Tamayo en los próximos días, porque sé que se irá de la lengua, lo conozco, nadie podrá saber que pasó realmente.

—Pero Río sigue siendo un testigo.

—Pero tu parte del plan incluye que Río no hable.

—Por pura decencia no sé si debo aceptar esto.

—Estás en todo tu derecho. Ah, por cierto, Raquel me dejó muy claro cuando hablamos lo enamorada que está de ti, no te la mereces, que quieres que te diga.

—¿A cuento de que viene eso?

— Solo quería decírtelo.

Alicia se levantó con la intención de marcharse pero el profesor la detuvo y ella sacó de nuevo la pistola, presionando contra el estómago de su rival.

—Suéltame o te disparo. Me has dicho que no aceptabas, yo ya te he contado lo que haría si no.

—Yo no he dicho que no. Voy a aceptar tu propuesta, pero si me la juegas te juro que voy a ser yo mismo quien te hunda Sierra. Ah y hay una condición.

—¿Cuál?

—No puedes moverte de aquí. Si vamos a trabajar juntos no me voy a arriesgar a que tengas un cómplice fuera que sepa dónde estoy.

— ¿Acaso crees que tengo otro sitio mejor a dónde ir? – sonrió-

—Siéntate donde quieras, tengo que llamar al banco.

—Que divertido. –dijo sarcástica-

—Ni se te ocurra decir una palabra.

Alicia hizo el típico gesto que hacen los niños pequeños cuando les piden que cierren la boca con cremallera, mientras el profesor la miraba un tanto extrañado.  La verdad era que lo único que había hecho era jugar con el profesor. Alicia sabía de sobra que en cuanto le mencionase a Raquel, este pensaría en que si ella lo dalataba,  no volvería a verla. El profesor era listo, pero Alicia era tan o incluso más lista que él. Y la verdad es que al final Alicia Sierra sería un punto clave para la huída de los atracadores.

...

—Escuchadme bien todos –dijo el profesor- ahí dentro van a cambiar las cosas. Palermo, sigo confiando en ti, pero sintiéndolo mucho no puedo dejarte al mando. Tokio, vas a compartir el mando con Lisboa, ella es la única que conoce absolutamente todo lo que conozco yo y si yo no puedo hablar con vosotros haréis lo que ella os diga.

—Bueno señores vamos a ser gobernados por dos mujeres que ni siquiera crearon el plan. –dijo Palermo en tono burlón-

— ¿Tienes algún problema con ello? –respondió Tokio.

— Dejaos de tonterías ahora, – interrumpió el profesor- contadme que ha pasado.

—Arturo, ha violado a una rehén, Helsinki está intentando que confiese para grabarlo pero necesitamos saber qué hacer con él.

— Hasta que no confiese nada, después encontraremos la forma de que esa grabación sirva como prueba para que pague por ello.

— ¿Y con la chica? ¿Qué hacemos con ella? –dijo Estocolmo-

— Tengo que pensarlo.

—¿Y mientras la dejamos aquí? Viéndole la cara al tío que la ha violado –dijo Lisboa-

— ¿Y qué propones? –dijo el profesor-

— Soltarla. Que salga en cuanto tengamos la grabación, que declare y que sea tratada por un psicólogo antes de que la situación sea aún más traumática.

—Profesor ¿No irás a ceder a eso? –dijo Palermo- Vos sabés que no podemos soltar a una rehén sin ni siquiera saber cuándo saldremos. Yo lo siento mucho por ella pero no podemos.

— Palermo ¿De verdad crees que se va a joder el plan solo por esto? –dijo Lisboa mirándolo-

—Yo no creo nada, simplemente no podés cambiar el plan.

—Palermo el plan ya no se parece en absolutamente nada a lo que era el primer día. -dijo ella subiendo el tono-

—Ya sabía yo que Palermo no podía aguantar sin cuestionar las órdenes de las mujeres. –dijo Bogotá-

—Yo… creo que Lisboa tiene razón –dijo Denver-

— Yo también. –dijo Estocolmo-

—No sé si es lo mejor que podemos hacer pero si lo más humano.–dijo Río-

—Palermo, yo estoy a favor de lo que dice ella, lo siento pero ya no estás al mando. –dijo Tokio muy segura-

— Pues yo también. –añadió Bogotá-

— ¿Profesor? –dijo Tokio-

— Está bien, cuando tengáis la grabación decídmelo y la soltaremos.  

El profesor cortó la conexión y Palermo se dirigió de nuevo hacia Tokio y Lisboa.

—No podéis anteponer vuestra empatía feminista al plan.

—Palermo, deja tus ideales machistas a un lado, te lo pido por favor. –respondió Lisboa-

—Yo solo digo que las mujeres tendéis a actuar por sentimientos, empatizáis con las situaciones y os olvidáis de lo que hay que hacer.

— No nos obligues a atarte otra vez a una silla. Ahora vamos a volver a lo que estábamos haciendo. –dijo Tokio- Si no fundimos el oro no saldremos nunca de aquí. Estocolmo, Denver y Bogotá os encargáis de bajar a la fundición. Yo voy a relevar a Manila y a Matías con los rehenes, que también necesitan dormir algo. Río, tú eres el que menos ha dormido aquí así que te vas con ellos, y tú también. –dijo a Lisboa- Palermo, tú vas a ir a ayudar a Helsinki. A lo mejor tú puedes hacer algo más.

 

Durante varias horas todo parecía ir bien. Estocolmo, Denver y Bogotá tenían completamente controlada la producción de oro, Helsinki, junto a Palermo, había conseguido que Arturo confesase para grabarlo, y a su pesar habían tenido que curarle la herida, y Denver y Tokio intentaron mantener tranquilos a los rehenes, que estaban algo alterados después del incidente con Arturo.

En la carpa, la situación era bastante delirante. Tamayo perdía los nervios a cada segundo, Alicia Sierra les había lanzado una bomba y aunque aún no tenían nada contra él, sabía de sobra que mientras no la encontrasen todo era posible.

—Señor, nos acaban de informar de que ya le han tomado declaración a la mujer que iba en el coche en lugar de Murillo. –dijo Suárez-

—Eso me da igual ahora, esos hijos de puta han vuelto a sacar a uno de los suyos de la cárcel para meterlo al banco, como hicieron en el primer atraco. Ya no podemos hacer nada, ahora lo que nos interesa es encontrar a Sierra.

—Coronel –dijo un oficial de los allí presentes- hay testigos que han visto a Sierra hablar con la mujer de Antoñanzas cerca de su urbanización.

—¿Y para qué iba Sierra a hablar con la mujer de Antoñanzas? ¡Antoñanzas! –llamó a este-

—Si mi coronel.

—¿Por qué querría Sierra hablar con tu mujer?

— No lo sé, yo no sé nada.

—Está bien, llámala y dile que venga. A lo mejor le dijo algo que pueda servirnos.

—Mónica, tenemos que hablar. –dijo Denver-

—Ahora no. –dijo ella-

—Yo sé que me he equivocado, sé que he hecho las cosas mal, pero lo he hecho por ti, yo lo único que he querido siempre era protegerte.

La rubia lo miró por unos instantes y sonrió.

—Escúchame, ahora vamos a sacar ese oro y a fundirlo. Ya hablaremos de esto después, ahora no puedo pensar en otra cosa que no sea salir de aquí. Deberías subir y descansar un rato, aquí de momento no tienes nada que hacer.

Denver entró en aquella sala cerrando la puerta con toda la fuerza que tenía en aquel momento.

—Hostia Denver que susto –dijo Lisboa, despertando de golpe-

—Lo siento, lo siento, no me acordaba que estabas aquí.

—No, no importa, deberíais haberme despertado antes. –dijo ella mirando un reloj que había en la pared-

—Estocolmo nos insistió para que dejáramos dormir, dijo que no habías dormido nada en estos 3 días.

—¿Qué te pasa con ella?

Denver la miró con gesto interrogante.

— Se nota hasta en como os miráis.

— Ya sabes que desde las últimas noches en el monasterio no estábamos bien. Discutíamos todos los días porque yo no quería que viniera. –dijo Denver al mismo tiempo que se sentaba en el sofá junto a ella- Pero no por machista ni nada de eso, como me dijeron ella y Nairobi, no, yo solo quería protegerla. Hemos dejado a nuestro hijo con unos monjes y no sabemos si vamos a poder volver a verlo. Yo ya perdí a mi padre en una situación como esta y no quería que a mi hijo le pase lo mismo. Por eso quería que se quedase ella, porque si tiene que pasarnos algo a alguno de los dos, prefiero que sea a mí. Y bueno, la gota que colmó el vaso fue que le pegué una paliza a Arturo. Joder es que el muy cabrón vino aquí a joderlo todo, se le insinuó y yo perdí los nervios. Ella me dijo que no me reconocía, y la verdad es que yo tampoco, ese no era yo.

— Denver, todos nos equivocamos. Hacemos cosas pensando que es lo mejor para la persona que queremos y después nos damos cuenta de que ha sido un error. Quizá te has pasado un poco, pero no has hecho nada que sea irremediable, ella te va a perdonar, estoy segura.

— Me da que ahora que estás hablando más por ti que por mí.

— Yo también la he cagado.

—No creo que tú le hayas dado una paliza a una tía por insinuarse al profesor.

—No, eso no.

—Sorpréndeme. –dijo Denver-

— Estoy embarazada.

—¡Pero enhorabuena! ¿Por qué no nos habíais dicho nada?

Pero el mismo se respondió a esas preguntas mientras las formulaba.

—El profesor no lo sabe, ¿verdad?

—No. Me enteré el último día que estuvimos en el monasterio. No quise decírselo a Sergio porque no podía arriesgarme a que estuviera más pendiente de mí que del plan. Pero ahora no sé si he hecho lo correcto. Seguramente no. Pensaba encontrar la manera de contárselo durante todo esto, pero todo fue demasiado deprisa y no me dio tiempo. He decidido yo sola algo que es de los dos. Él no quería que yo viniera para protegerme y yo no solo vengo, sino que no le cuento que no solo soy yo, sino también su hijo. Denver si me pasa algo habrá sido solo culpa mía y si le pasa algo a él no me voy a perdonar no habérselo dicho.

—Escúchame, al profesor no va a pasarle nada porque sabe cuidarse muy bien y está preparado para todo. Y a ti y a tu hijo –dijo sonriendo- tampoco. Porque para eso estamos aquí. No vamos a perder a nadie más. Vamos a salir de aquí y tú le vas a contar al profesor que va a ser padre y Mónica y yo iremos a por nuestro hijo. Y vamos a ser todos felices de una puta vez. –dijo con resignación-

— Denver, que casi le traiciono. Que casi traiciono al padre de mi hijo.

—¿Qué?

— Yo pensaba que él no se enteraría de que estaba viva y habían encontrado dónde estaban mi madre y mi hija. Alicia me dio la oportunidad de ponerlas a salvo y de irme con ellas, no me buscarían más. Pero entonces entró un policía, en el momento oportuno, que llevaba el reloj de Sergio. Me dijo una sola palabra, parís. Ahí supe que Sergio lo sabía, sabía que estaba viva y el plan estaba en marcha, así que no llamé. A las pocas horas supe que cuando llegaron a por ellas mi madre y mi hija ya no estaban, había sido él.

— Joder con el profesor, en ningún momento nos contó que tuviera un infiltrado en la policía.

— Es que no lo tenía, sigo sin entender muy bien cómo lo consiguió.

—Bueno, pero lo importante es que al final no lo delataste. Mucha gente en tu lugar lo hubiera hecho incluso después de ver el reloj. Al fin y al cabo te estaban dando la oportunidad de ser libre, en cierto modo. Cualquiera lo hubiera hecho, ya no por eso, sino por tu hija, por un hijo se hace lo que sea.

— Supongo que sí.

— Siento interrumpir –escucharon la voz de Río en la puerta- pero Helsinki tiene la grabación de Arturo y también le han curado la herida de la pierna.

Fueron directos hacia la sala dónde se encontraba Arturo, atado de pies y manos a una silla.

—Me alegra que hayas decidido confesar, Arturo. –dijo Lisboa-

— Esa confesión no vale nada. Me la habéis sacado con chantajes, era eso o esperar a desangrarme.

— ¿Y eso quien lo sabe? Nadie. Lo que importa es lo que se escuche en esa grabación.

— ¿Y de verdad crees que estando vosotros aquí dentro la policía se va a detener a acusarme a mí de algo?

— ¿Pero tú que te crees? ¿Qué le vamos a enviar esta grabación al coronel Tamayo? No, es un mierda como tú y además con tal de ganarnos la partida va a tirar esa grabación en cuanto le llegue solo por no perder el tiempo. ¿Sabes que aprendí en todos los años que estuve en la policía? Que muchas veces la justicia depende de la persona que te juzgue. Hay policías que prefieren una buena reputación antes que hacer bien su trabajo. Como Tamayo, por ejemplo.

—O como tu ex marido. –respondió Arturo-

— También Arturo, también.

—¿Sabes que creo, inspectora? –dijo en un tono burlón- Que como nunca conseguiste que se hiciera justicia con tu marido, aún estando fuera de la policía sientes la necesidad de hacer justicia con todas las personas para llenar ese vacío e impotencia.

 

La realidad era que Arturo sabía muy bien dónde atacar a cada uno. Supo que el punto débil de Denver, para hacerlo explotar, eran Mónica y su hijo, al igual que supo que el punto débil de Raquel era su tormentosa relación con su ex marido.

—Pues no te voy a decir yo que no, Arturo. Siento esa necesidad porque me da asco que cabrones como mi ex marido y como tú estén en la calle todos los días y que nadie haga nada.

— Quizá en el papel de inspectora podría tomarme en serio lo que dices pero ahora es imposible. Esos cabrones son un tipo de delincuentes y tú eres otro. Estás aquí, armada, robando el oro de la reserva nacional y aún así te atreves a hablarme de leyes y delincuentes.

—¿Sabes cuál es la diferencia? Vivimos en un país que ignora a todas las mujeres que son violadas y matadas, por su pareja, por otro conocido, o por un extraño. Yo no digo que tengan que dejar libres al resto de delincuentes que existen, claro que no, pero el problema es que parece que violar o pegar a una mujer no es un delito muchas veces, porque en muchos casos se ignora hasta que es tarde.

 

Río y Denver intercambiaban miradas de asombro escuchando el discurso que estaba soltando su compañera. Todos conocían su pasado pero nunca la habían escuchado decir nada sobre ese tema.

— Mire inspectora.

—Deja de llamarme así. –dijo esta amenazante-

— Bueno, Raquel, Lisboa, o como prefieras. Yo siento mucho que tengas un pasado un tanto traumático, si es que es cierto, porque en su día se cuestionó, pero eso no es motivo para que lo pagues con los demás. Nadie tiene la culpa de eso.

— Mira, Arturo, o dejas de vacilarme en ese tono o no me hago cargo de lo que te pueda pasar.

—¿Me estás amenazando?

—Exactamente. Creo que ya he escuchado bastantes gilipolleces salir por tu boca. Creo que todavía piensas que vas a salir ileso de esta, así que ya te aseguro yo que no.

— Esto no va a acabar así, hija de puta.

—Pues yo creo que sí. Necesito que alguno lo vigile mientras aclaramos con el profesor qué hacer con él.

—Yo me quedo. –dijo Denver-

—No Denver, tú no.

— ¿No te fías de mi?

—De ti sí. De quien no me fío es de él. Sé que va a intentar provocarte. Río, ¿crees que puedes hacerlo tú?

—Claro. –contestó el chaval-

Mientras tanto Alicia Sierra y el profesor ya tenían una forma mediante la que controlar lo que pasaba en la carpa. El profesor había hablado de nuevo con Antoñanzas, le había enviado un micrófono que debía poner en su reloj. Nadie sospecharía de aquello, y en cuanto todo aquello terminase Antoñanzas se desharía del reloj.

Marsella acababa de llegar. Entró esperando encontrarse al profesor trabajando en el plan de huida. ¿Qué otra cosa podría esperarse? Pero lo que nunca habría podido imaginarse era encontrar allí a aquella mujer, y que para su sorpresa no estaban discutiendo ni amenazándose el uno al otro, que era lo que él se había imaginado que pasaría si algún día se encontraban. Se quedó en la puerta, observando como la inspectora pelirroja trabajaba junto al profesor.

—Profesor. –llamó por fin su atención- ¿Qué hace ella aquí?

— ¿Y este quién es? –preguntó la pelirroja-

— Marsella. –respondió él mismo-

—Otro miembro de la banda –dijo el profesor-

Marsella miraba al profesor sin entender nada de lo que estaba pasando.

—La inspectora Sierra me…

—Alicia mejor. –corrigió ella guiñando un ojo-

—Bueno, el caso es que me encontró y vino a hacer una especie de acuerdo.

El profesor relató a Marsella, casi palabra por palabra textualmente, la conversación que Alicia había tenido con él mientras esta miraba divertida lo nervioso que se ponía el profesor dando explicaciones y las caras que ponía su amigo.

—Entonces ¿esta mujer es hermana de Tatiana?

—Marsella ¿es lo único con lo que te has quedado de esta historia?

—No profesor, pero yo mejor voy a procesar esta información mientras hago algo de comer.

De repente empezaron a escuchar por el altavoz la voz del coronel Tamayo en la carpa. Aquello significaba que Antoñanzas había entrado y activado el micrófono.

—Coronel, soy la esposa de Benito. Me han dicho que necesitaba hablar conmigo.

—Sí, simplemente serán unas preguntas. Sabemos que fue la última persona que vio a Alicia Sierra, ¿le dijo algo sobre a dónde iba o usted vio algo?

—No. Simplemente cruzamos un par de palabras porque nos saludamos y poco más.

—¿Qué palabras exactamente?

—Bueno no lo recuerdo bien, me saludó, hablamos de mi marido, que últimamente estaba un poco raro, pero es porque no descansa mucho con esto del atraco.

—Coronel ha llegado el inspector Vidal –le comunicó Suárez-

—¿Lo conoces? –dijo el profesor a Alicia-

—Daniel Vidal, era subinspector hasta hace 5 años. Y no sé mucho más de él. –respondió ella-

— Suárez un momento. ¿Y no vio hacia dónde fue? –volvió a preguntar a Marisa-

—No, yo seguí hacia mi casa y ella en la dirección contraria.

— Muy bien, muchas gracias. –dijo el coronel- Escuchadme bien. ¡Quiero que peinéis la zona de la casa del oficial Antoñanzas! Buscad cualquier cosa que pueda llevarnos a encontrar a Sierra. Ángel tú estás al mando de esto, te vas para allá. Si la encontráis no quiero que de ninguna manera se os escape ¿entendido? Disparáis si es necesario pero no volváis sin ella.

— Pero Coronel – replicó Ángel-

—Me importa una mierda que esté embarazada Ángel. Eso que lo hubiera pensado ella antes mandarnos a la mierda por la tele y huir. Que hubiera pensado ella más en su hijo.

El profesor pudo observar como aquella mujer, a la que él había creído sin sentimientos, ponía una mano sobre su vientre y respiraba hondo, tras haber escuchado lo que dijo el coronel.

— Bueno, supongo que al final tenías razón con eso de que el coronel se iría de la lengua.-dijo el profesor-

Ella lo miró y el profesor hubiera podido jurar que aquella mujer se pondría a llorar en cualquier momento si no fuese Alicia Sierra. Pero en la cabeza de Alicia solo había espacio para una cosa en esos momentos. “Prométeme que vas a cuidar bien de ti y de nuestro hijo”, aquellas palabras que le dijo Germán en sus últimos días de vida a lo que ella había contestado “te lo prometo”. Y ahora solo podía darle vueltas a una misma pregunta. ¿Qué diría Germán si viera en lo que se ha convertido y hasta dónde ha llevado a su hijo?

—Profesor, deberían comer algo. –dijo Marsella acercándose de nuevo con una tortilla en la mano-

—Marsella yo de verdad que no entiendo cómo puedes tener ánimos de cocinar en estos momentos.

—Cocinar siempre ayuda a subir el ánimo profesor y comer aún más. Además me vale que usted no quiera comer ahora pero no esperará tener aquí a una embarazada comiendo una vez al día. –este miró a Alicia-

Pero el profesor ya estaba muy lejos de allí, mentalmente, atando cabos. Ahí fuera había una persona que ayudó a Sierra a encontrarlo, y que quizá podría actuar en su contra y además la policía ya estaría peinando la casa de Antoñanzas en menos de media hora, y en algún momento seguramente llegarían hasta el coche de Alicia, y de ahí hasta aquel lugar quizá solo habría unas horas de búsqueda.

—Marsella ¿recuerdas el lugar que teníamos como alternativa a este? Pues ha llegado la hora de irnos. –dijo de repente el profesor- La policía estará buscando a Sierra y no podemos arriesgarnos a que den con este lugar como lo hizo ella.



Gostou da Fanfic? Compartilhe!

Gostou? Deixe seu Comentário!

Muitos usuários deixam de postar por falta de comentários, estimule o trabalho deles, deixando um comentário.

Para comentar e incentivar o autor, Cadastre-se ou Acesse sua Conta.


Carregando...