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História Somos La Resistencia: LCDP5 - Capítulo 3


Escrita por: bluerose19_

Capítulo 3 - 3.Errores.


Camino a un pequeño pueblo rural de Guadalajara, aunque cerca de Madrid, el profesor pensaba en cómo iba a explicarles a los demás la presencia de Alicia y por qué se estaban yendo de Madrid.

—Profesor no sé si es usted consciente de que van a querer arrancarle la cabeza. –dijo Alicia riendo, desde el asiento de atrás del coche-

—Sierra, que estés aquí no quiere decir que te tomes la libertad de hablarme como si fuéramos amigos.

—Lo sé, profesor, pero es que me encantarla vacilarle.

El profesor decidió ignorar aquella conversación y llamar al banco.

—Profesor –respondió Lisboa- respecto al tema de Arturo...

—Espera un momento. Hay algo que quiero deciros primero. ¿Quién más hay ahí?

—Estoy con Tokio. Precisamente íbamos a llamarte nosotras.

— ¿Qué pasa profesor? –intervino Tokio-

—Nos estamos yendo hacia la casa del pueblo de Guadalajara.

—Creía que ese lugar solo estaba por si la policía descubría el otro. –dijo Lisboa- ¿Qué está pasando?

—Hola amorcito, ¿cómo estás?

La voz de Alicia provocó un silencio, tanto el coche conducido por Marsella como en el banco, haciendo que Lisboa y Tokio intercambiasen miradas llenas de asombro y preocupación.

—¿Alicia? –dijo Lisboa- ¿Qué estás haciendo ahí?

—Digamos que la inspectora Sierra y yo tenemos una especie de acuerdo.

La risa sarcástica de Tokio inundó aquella habitación.

—Profesor a no ser que esa hija de puta te esté apuntando con una pistola a la cabeza no entiendo por qué has dicho lo que has dicho.

—Alicia me encontró. Descubrió que tenía un infiltrado en la carpa y a raíz de ahí supo cómo encontrarme. El trato es que yo la ayudo a ella y ella no me entregará a la policía.

—¿Qué la ayudas a qué exactamente? –preguntó Lisboa-

—Como sabéis, Tamayo quería que ella asumiera todo lo de Río y él salir ileso. Bueno pues ella quiere que sea al revés y...

—Profesor ¿se te ha ido la puta cabeza? –dijo Tokio incrédula- ¿Vas a ayudar a la torturadora de Río a que salga ilesa de eso?

—¿Y qué prefieres? ¿Dejo que me entregue a la policía?

—A ver niñata –volvió a intervenir Alicia- ¿tú te crees que yo torturé a tu novio por qué me aburría una mañana en mi casa o qué? Que estáis catalogados de terroristas, la policía a veces tenemos que hacer estas cosas aun que no sean legales, y yo no es que esté orgullosa de ello.

—¿Y si no querías hacerlo por qué lo hiciste? Porque siempre podrías haber dejado que lo hiciera otro.

—Porque Aníbal era la única persona que yo creía que me llevaría al profesor. El hermano de la persona por la que murió mi hermana.

—Profesor ¿qué está diciendo esta tía?

—La última novia de Berlín era su hermana. No se divorciaron como Berlín decía, ella murió.

—¿No te das cuenta de que va a jugar contigo? La vas a ayudar y después te va a entregar a la policía igualmente. ¡Es que no entiendo qué haces ayudándola!

—Sergio, –dijo Lisboa- yo confío en ti. Si crees que es lo mejor, hazlo. Pero espero que de verdad sepas lo que estás haciendo.

—Raquelita, puedes estar tranquila que no me voy a acostar con él. Tú bien sabes que yo siempre cumplo mi palabra, házselo ver a la niñata de tu amiga.

—¡Profesor estás cavando tú tumba y la de todos! –volvió a gritar Tokio-

Lisboa cortó la llamada.

—Tokio ya vale, tranquilízate. Él sabrá lo que hace.

—Ni de puta coña sabe lo que hace.

—¿Qué son esos gritos? ¿Qué estáis haciendo? –dijo Palermo entrando a la sala-

—Palermo, vete a buscar a todos ya. Tenemos que hablar, el profesor se ha vuelto loco.

—Tokio por favor eh.

—Vamos a esperar, verás cómo van a reaccionar todos. ¡Porque esto no es coherente ni lógico y mucho menos lo correcto!

Siguieron con la discusión, repitiendo lo mismo, una y otra vez, durante los 5 minutos que tardaron todos en llegar.

—A penas lleváis unas horas al mando y ya os estáis matando, a ver ¿qué demonios os pasa? –habló Palermo-

—Alicia Sierra está con el profesor. –comunicó Tokio-

Reacciones de sorpresa fueron la respuesta al unísono que soltaron todos.

—Ella iba a entregarlo a la policía pero han hecho un trato en el que si él la ayuda a librarse de Tamayo y la policía, ella no le va a entregar. El profesor acaba de cavar la tumba de todos, porque en cuanto esa tía tenga lo que quiere lo va a entregar. Así que yo iría pensando una manera de salir de aquí sin su ayuda.

—A ver sinceramente que esa tía esté al lado del profesor no es nada bueno, pero yo tampoco creo que la vaya a dejar marchar antes de que nosotros hayamos salido de aquí. –dijo Denver-

—¿Y si tiene a alguien más? ¿Y si realmente hay alguien que ya sabe dónde está el profesor en todo momento? Que puede ser todo una puta estrategia.

—Tokio, ¿de verdad crees que Alicia estaría al lado del profesor, pidiéndole ayuda en vez de entregarlo, si no estuviera realmente jodida? –dijo Lisboa- Además el profesor sabe lo que hace.

—¿A quién estás defendiendo? ¿Al profesor o a Alicia? Porque yo ya me estoy perdiendo un poco porque no sé cómo puedes estar ahí tan tranquila sin pensar que esta tía le está tendiendo una trampa al profesor y lo va a entregar. ¿Tú eres consciente de que no lo vas a ver en la puta vida si eso pasa?

—Tokio por dios cálmate un poco. –dijo Estocolmo-

—Si porque creo que estás sacando las cosas un poquito de quicio. –añadió Lisboa- Esto es innecesario. Estás hablando de cosas que ni siquiera sabes si van a pasar o no. Yo creo que él sabe lo que hace. Y si ha creído que eso es lo mejor pues habrá que confiar hasta que nos digan lo contrario.

— ¿Qué sabe lo que hace dices? ¿Qué confías en él? ¿Te ha contado el profesor qué pensaba tener un hijo con Nairobi?

La cara de Lisboa cambió por completo, al igual que la de todos. Ninguno entendía que estaba diciendo Tokio ni que tenía que ver en ese momento.

—¿Perdón? –dijo ella-

—El hijo que pensaba tener Nairobi iba a ser del profesor. Claramente donando semen y esas cosas, o sea no pensaban follar hasta que se quedase embarazada y eso. –dijo acercándose más a ella- Tendrías que ver la cara que se te acaba de quedar.

—Tokio se te fue la olla o qué carajo estás diciendo. –interrumpió Palermo-

—Es fácil. Nairobi quería tener un hijo y se lo pidió al profesor. Y ya está.

—A mí eso no me encaja mucho con el profesor que queréis que os diga. –dijo Río-

Lisboa, sin decir nada, se acercó a la mesa y pulsó el botón para llamar al profesor.

—Tokio. –contestó el profesor-

—No, no soy Tokio. –respondió Lisboa bastante cabreada-

—Yo creo que deberíamos irnos. –volvió a hablar Río-

—Si hombre, yo esta conversación no me la pierdo. –añadió Bogotá-

— Sergio, ¿pensabas contármelo en algún momento?

—¿De qué hablas?

—De que no tienes problema en ir dejando hijos por ahí sin ni siquiera decírmelo.

—Tokio, ¿por qué se lo has dicho?

—¿Ah que ni siquiera pensabas decírmelo?

—No, no es eso. Simplemente no es ella quien debía decírtelo.

—Profesor, lo siento. –intervino la morena-

—¿Por qué no me lo has contado?

—Raquel, yo creo que este no es el mejor momento para hablar de esto, además ya nada tiene sentido Nairobi ya no...

—Ya no está. Está muerta, exactamente. Pero si estuviera viva ¿cuándo me habría enterado? ¿Cuándo su hijo tuviese dos años y yo dijese hostia se parece un poco a ti no? ¿Tú me has visto cara de imbécil o qué?

—Escúchame, ella me lo pidió y yo no pude decirle que no. Raquel yo les he pedido que hagan cosas mucho peores por mí.

—Vamos que me estás diciendo que si el día de mañana llega Tokio y te pide lo mismo le dices que sí también.

—Estás exagerando un poco.

—Muy bien, ahora yo te hago una pregunta. Para ti lo de tener un hijo ¿Qué es? ¿Qué significa para ti? Porque yo creo que es algo serio, no sé, pero tú me estás hablando de ello como si se tratase de prestarle cinco euros a una amiga, que se los puedes presentar a tres en la misma tarde.

—Mira, sé que no ha estado bien el no contártelo pero tenía pensado hacerlo. Si esto seguía adelante al salir del banco te lo habría dicho. Sabes de sobra que lo hubiera hecho.

—¿Y ahora? Después de haber muerto Nairobi, ¿me lo hubieras contado? ¿Realmente me lo habrías dicho?

Sergio guardó silencio unos segundos. Silencio que a Raquel terminó de colmarle la paciencia.

—Mira, da igual, déjalo.

Fue lo último que dijo antes de colgar y mirar a todos los presentes.

—Pero bueno, ¿vosotros qué coño miráis? –dijo antes de salir de allí-

—¡Tokio la concha de tu madre que carajo hacés! Acabás de mandarlo todo a la mierda con tu impulsividad. –dijo Palermo bastante cabreado-

—¿Qué yo he mandado todo a la mierda? Pero si le acabo de hacer un favor.

—Sí, tú. ¿Por qué sabés lo que va a pasar ahora? El profesor dejará de pensar en el plan para pensar en qué hacer para que su mujercita lo perdone. Y su mujercita, la única persona, según todos ustedes, que podría hacer algo en caso de que el profesor falle, se la va a pasar pensando en que este es un cabrón y tampoco va a pensar en el plan. Este plan estaba condenado a fracasar desde el principio porque está lleno de historias de amor y tú acabás de terminar de confirmarlo. En resumidas cuentas, acabás de jodernos a todos.

Esa conversación tensó los ánimos de todos. Lisboa, apoyada en la barandilla de la escalera, mirando un punto fijo, trataba de encajar que Sergio hubiera hecho algo así. Tokio volvió a ser consciente de haberlo jodido todo y Palermo, detrás de su notable enfado, simplemente escondía una gran decepción. Porque al fin y al cabo él solo quería que el plan saliera bien. Era su plan y el de Andrés, un plan perfecto que ahora ya no tenía nada que ver con lo que una vez planearon juntos.

—¿Tenés un momento? –escuchó Lisboa la voz de Palermo a su espalda-

— Si vienes a decirme de nuevo que nos hemos cargado tu plan, no, no tengo un momento.

—No quiero hablar de eso. Es sobre Sergio.

—Tampoco quiero hablar de eso y menos contigo, la verdad.

— Cuando conocí a Sergio –comenzó a hablar Palermo, apoyándose en la barandilla junto a ella- nunca me habría imaginado verlo enamorado y mucho menos con pareja. Precisamente era él mismo quien reprochaba a Andrés estar enamorado porque decía que un plan perfecto solo podía joderse por una historia de amor. Y tenía razón, su plan de la fábrica de la moneda casi sale mal por vuestra historia de amor, y este plan no saldrá bien porque está lleno de historias de amor, pasadas y presentes, no solo la vuestra. Cuando nos volvimos a encontrar en Italia no podía creérmelo, pero después del tiempo que pasamos allí me di cuenta de que probablemente Sergio nunca haya querido a nadie como te quiere a ti. Tú le conocés, sabés cómo es. Él no te ha ocultado eso queriendo, simplemente no sabe cómo afrontar las cosas y no sabía cómo contártelo.

—Pero si ya lo sé. Eso no justifica que no me lo haya dicho, pero sé de sobra que no ha sido con la intención de que no me enterase.

—Lo tenés que perdonar.

—¿Estás intentando ayudarnos o simplemente quieres salir de aquí?

—Las dos cosas. Si estáis así no vamos a salir de aquí nunca, nos fusilarán a todos. Pero no solo es por eso.

—Palermo, vamos a salir de aquí igualmente, eso te lo aseguro. Pero gracias por la ayuda. –dijo sarcástica-

...

Una vez dentro de aquella casa de campo, el profesor comenzó a instalar todo de nuevo para poder tener comunicación con el banco desde allí.

—Es tarde, no es necesario que estéis aquí. –dijo el profesor a Alicia y Marsella- supongo que queréis dormir. Mañana seguramente nos llamarán de la carpa y si tú quieres salir bien de esta vas a tener que ponerte muy en serio a revisar informes. –dijo a Alicia-

—Joder profesor, es usted más exigente que un profesor de bachillerato. –dijo esta riéndo-

—Y usted más bromista y sarcástica que una alumna rebelde. ¿No se cansa?

—Pues no, la verdad es que no, que quiere que le diga. Pero bueno, usted puede quedarse con sus maquinitas, yo sí que me voy a ir a dormir.

Pero tras varias horas intentándolo, decidió que aquella noche no dormiría en absoluto. Para Alicia también era surrealista aquella situación. Estaba huyendo de la policía, compartiendo casa con el hombre al que había soñado atrapar y que ahora trabajaba con él con la esperanza de conseguir evitar la cárcel.

Salió a la pequeña terraza que tenía la casa, encendió un cigarro y sentándose en una de las sillas comenzó a fumar.

4 meses atrás

—¿Puedo hablar un momento con usted? –dijo el médico- fuera a ser posible.

Dejó a su marido, el cuál dormía, en la habitación y salió fuera tal y como aquel médico se lo había pedido.

—Lo siento mucho, pero a estas alturas es imposible hacer nada, en estos casos solemos dejar que sea la familia quien decida si contárselo a él o no.

—¿Cómo que no pueden hacer nada? –dijo ella- tienen que hacer algo, para eso están, no puede decirme que no pueden hacer nada.

Intentó reprimir las lágrimas pero fue una tarea imposible.

—Lo siento mucho, de verdad, se que cualquier cosa que le diga no va a servirle de nada, además entiendo que en su situación no es fácil. –dijo mirándole la barriga-

—Que sabrá usted.

—Yo simplemente tengo que informarla, es mi deber.

—¿Cuánto tiempo...?

—Dos meses.

Alicia sintió como su respiración se detenía durante unos instantes.

—¿No hay alguna manera de que sea un poco más?

—Nunca se sabe, hay milagros y lo que son dos meses podrían ser 4 pero también le digo que es muy raro y que la enfermedad está my avanzada en su marido.

—¿Me está diciendo que ni siquiera va a ver nacer a su hijo?

—Lo siento mucho.

Uno nunca sabe como encajar una noticia como esa en su vida. Nunca es fácil saber que el padre de tu hijo va a morir sin ni siquiera conocerlo. Y allí, en aquel pasillo, mientras sentía que iba a ahogarse por completo, Alicia supo que la vida tal y como la conocía jamás volvería.

—¿Está bien? –preguntó aquel médico, poniendo la mano en su hombro-

—Si.

—Yo creo que sería mejor que me acompañase.

—Estoy bien, márchese.

—Si necesita algo...

—Que se vaya, por favor.

Vuelta a la realidad

Allí, en mitad de la noche, dónde nadie la veía, las lágrimas salían de sus ojos y allí estaba una Alicia que probablemente nadie se imaginaba que existía.

La realidad era que esa noche se repetía en su cabeza la mayoría de días, era como si las palabras que cambiaron su vida no fuesen capaces de abandonarla. Después solían venir los recuerdos, las vacaciones, el "estoy embarazada" que le dijo cuando él volvía de un viaje de trabajo, las noches en el hospital...

Hay gente que dice que una buena noticia nunca viene sin una mala, pero la verdad era que aquel contraste había sido demasiado.

"Alicia, prométeme que vas a cuidar bien de ti y de nuestro hijo". Aquellas palabras resonaban de nuevo en su cabeza, mientras daba otra calada al cigarro, pero entonces una mano detrás de ella evitó que se lo llevase de nuevo a la boca.

—No deberías fumar. –dijo Marsella sentándose frente a ella-

—¿Qué eres mi padre ahora?

—No, pero me preocupa que con un bebé a punto de nacer fumes de esa manera.

—¿Qué te preocupa dices? No sé que más te da a ti si fumo o no.

Intentó coger de nuevo su cigarro pero Marsella lo arrojó al suelo y lo pisó para apagarlo.

—¿No prefieres ahogar tus penas en chocolate? –dijo sacando una tableta de chocolate con leche del bolsillo de su chaqueta-

—Trae anda. –dijo resignada-

Abrió el chocolate y cogió un trozo.

—¿Por qué estabas llorando?

—No lo hacía.

—¿Es por el padre? ¿Dónde está?

Alicia levantó la vista y lo miró a los ojos.

—No está.

—Vaya yo... no debería haber preguntado eso, lo siento.

—Murió hace dos meses.

— Lo siento...  ¿Lo querías mucho, no?

—Pues claro, y él a mí. Él era una buena persona ¿Qué diría si viera que su mujer y madre de su hijo está en busca y captura por torturar a un chaval en el desierto? Mírame, si esto sale mal, iré a la cárcel y mi hijo directamente a la adopción, y encima fumo como una auténtica adicta.

—Entonces estás haciendo todo esto por tu hijo.

—Pues claro, a mi me da igual ir a la cárcel, al fin y al cabo soy una hija de puta, pero no puedo hacerle eso a mi hijo, ni a mi marido.

—Lo entiendo...

—Bueno, no sé que estoy haciendo hablando de esto contigo, la verdad.

—A veces es bueno hablar, de sentimientos y eso... Pero supongo que querrás estar sola. Buenas noches.

Marsella iba a marcharse pero entonces se dio la vuelta de nuevo.

—Dame la caja.

—¿Qué caja?

—La de tabaco, ese ha sido tu último cigarro.

Alicia hizo un gesto de resignación y se la entregó.

—Buenas noches. -dijo ella-

El profesor tampoco podía dormir aquella noche. Su cabeza no paraba de darle vueltas a la discusión con Raquel. Realmente se había comportado como un auténtico imbécil pero le asustaba la idea de ver a Raquel tan enfadada. Salió dispuesto a tomar algo de aire a la terraza pero por el camino se cruzó con Marsella.

—¿Usted tampoco puede dormir profesor? –le sorprendió la voz de Marsella-

—¿De dónde vienes?

—Estaba fuera, tomando el aire, hace buena noche.

—Yo iba para allá.

—Mejor vamos dentro. –dijo tratando de evitar que Alicia y él se encontraran en la terraza- ¿Está pensando en la discusión con su mujer, verdad?

—Sí, la he cagado y no sé cómo arreglarlo Marsella.

—Profesor, lo arreglarán cuando puedan verse, por una radio va a ser imposible. Pero para eso tiene que pensar en cómo sacarlos a todos de ahí.

—Es que ahí hay otro problema. Tener a Alicia Sierra aquí no me ayuda. No paro de pensar en si debo ayudarla o no. Si no lo hago me entregará pero ¿debo ayudar a esa mujer, a la culpable de que estemos aquí?

—Ella no es la culpable profesor.

—¿Qué dices?

—Usted mismo lo dijo. El coronel Tamayo la mandó hacerlo, ella pudo haberse negado, pero al fin y al cabo ella recibió órdenes. Alicia es un trámite, Tamayo es la verdadera causa. 

—¿Estás poniéndote a su favor?

—No, no le quito importancia a lo que hizo, pero lo que digo es que hay un culpable por encima de todos que no es ella, un culpable al que los dos queréis hundir. Alicia Sierra ha ganado esta partida, y si no puede con su enemigo unase a él, uniendo fuerzas pueden ganar los dos. No tiene nada, solo le queda su hijo, y está haciendo esto por él. Cumplirá su parte, porque si no irá a la cárcel y su hijo a la adopción.

—Tengo unos correos de Tamayo y Prieto, los hackers de Pakistán los consiguieron esta tarde, al parecer fueron eliminados por el mismo Tamayo cuando Prieto entró a la cárcel. En ellos hablan claramente de incriminar a Alicia si algo salía mal. No sabía si dárselos o no.

—Hágalo profesor. Intente ayudarla, si lo consigue Tamayo irá a la cárcel, victoria para ella y para usted también.

—Está bien Marsella. Gracias.

...

En el banco las cosas no iban para nada bien. Las cosas estaban tensas y el profesor no respondía a sus llamadas.

—Pues como bien dijo el profesor, si él no respondía, Lisboa nos diría que hacer. –dijo Helsinki- ¿Donde está?

—Voy a buscarla. -añadió Estocolmo- 

Media hora antes.

Raquel había intentado mantenerse fuerte, lo último que quería era que todas aquellas personas la vieran llorar por un hombre, pero no obstante, había sido un intento en vano, tras la conversación con Palermo se había marchado al baño, sabiendo que sería incapaz de contener las lágrimas. Tras un rato ahí, se miró al espejo y entonces las conversaciones con Alicia en la carpa empezaron a pasar por su cabeza.

"¿Qué ha hecho este tío por ti."

"No me digas que alguna vez la cabeza no te ha hecho clic y has pensado, cuidado, este tío puede ser un auténtico imbécil."

"Alberto te daba palizas, ¿qué hace este para humillarte?"

"Eres la cuidadora que se engancha a este tipo de hombres, los idealizas y poco a poco te vas haciendo más y más pequeñita a su lado. Luego te utilizan y te manipulan."

—No Raquel, no. –se dijo a sí misma para sacarse de sus pensamientos- Sergio no es así.

Se secó las lágrimas y salió dispuesta a volver con los demás, encontrándose a Estocolmo por el camino.

—Venía a buscarte para...

—Iba para allá.

—¿Estás bien?

—Sí, no te preocupes, ¿qué decías?

—El profesor no nos responde y necesitamos que seas tú quien diga que hacer.

Conforme entró en la sala, Lisboa comenzó a dar órdenes. Por un momento se sintió como si estuviera de nuevo en el cuerpo de policía, por esa postura de "líder", pero esta vez todo era muy diferente. 

—Muy bien. Río necesito que trates de recuperar las cámaras para que el profesor pueda ver que pasa aquí dentro. De momento los demás vais a seguir con lo que estabais haciendo. Vamos a resolver el tema de Arturo ya. ¿Quién está con él ahora?

—Matías – respondió Río-

—Bien. Yo voy a hablar con Amanda, le contaré lo que vamos a hacer. Y saldrá.

—¿Y Arturo? –preguntó Denver-

—También se irá, pero después. Cuando a Amanda le haya dado tiempo a declarar.

—Sigo pensando que es una locura pero voy a respetar tus órdenes, rubia. Espero que sepas lo que haces. –dijo Palermo-

—No lo dudes.

 



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